Extraños (Blog)

29
Ene

Madre, y señora

Siempre llevaba encima una capa de calma esterilizada; pareciera que no experimentara realmente las cosas, que se limitara a contemplarla desde lejos, bien cerca.

Dos días le quedaban a esa madre, y señora.

A los milagros hay que llamarlos

22
Ene

Todos los nombres propios

Hay golpes en la vida, tan fuertes… que emponzoñan el alma. Caídas hondas, de volverse los ojos y esperar sobre el hombro una palmada.

En Prosperidad sucedía, sucede, eso, no en vano era un espacio de soledades compartidas. En tal lugar no hacía falta pedir cita ni alegar legitimidad alguna, todos eran bienvenidos. De primeras, con tensión nerviosa y con dolor… hasta con un charco de culpa. Momentos complicados.  

Allí, las venas pasaban a ser fermentos, las sombras se deshojaban, igualándose… y a fuerza de estar se aprendía a pasar los días. Cierto es que había labios que lloraban arias olvidadas, nombres. Otros reían la luz de la vuelta. Más nadie sobraba ni faltaba: heroínas, víctimas, culpables, los visiblemente preocupados.

El último de un accidente de tren a lo largo de un cuello que se ahogaba, cuyo ajuar fue constelado por una aurora. Pronta partida, inesperada en el lirismo del invierno. Ese y otros muchos se hicieron de noche por cuando las miradas intentaban ayudarles con una jauría de remordimientos. Azul, azules, urdidos en el hierro, hierros, amortajando las pupilas que trenzaban aullidos.

Si bien, Prosperidad era descanso, soledades compartidas en un mismo espacio donde todos los nombres propios cabían, los momentos, cada paso, cada impulso, cada… saliendo en sus lutos rigurosos ondulándose entre nosotros.

DEP

Nunca me verás prohibiéndote nada, pero desde tu libertad me mostrarás lo que significo para ti.

Ese era el deseo más común en Prosperidad,

y en los días y en los trabajos (paso previo, obligado).

 

15
Ene

La vida caótica, predecible

En la vida las cosas no estaban ordenadas, ni tenían sentido ni escondían una metáfora. Los males del mundo estaban repartidos, una suma mal resuelta.

La magia de conectar y la suerte de coincidir, en parte eran los niños. Los niños, el único amor del que no se habían arrepentido de vivir. Muebles hablando, animales cantando, girando… afuera la fealdad del mundo. El valor huyendo de cualquier precio. Su hijo era así.

Ellos, un pueblo sumido en el silencio artificial. Les tocaba entregar a ese último hijo, era el siguiente. Así se las manejaban en los genocidios.

La Francotiradora de su Tía

 

8
Ene

Le gustaba morderse el pelo

Le gustaba morderse el pelo, era otra manera de darle sentido al ruido de los días y los trabajos, se sentía ella y nadie más, harta de que los dólares ni fueran blancos ni negros, sino verdes, como muchas de las personas con las que estaba obligada a tratar diariamente.  

Siempre había sido extremadamente pragmática la que sonreía no solo con los ojos, cabezota, muy suspicaz y desconfiada con los hombres desde que empezó a flotar en el líquido amniótico de su querida madre. Sí, era distante y podía ser difícil de manejar.

Más el sonido de un libro que jamás había sido abierto le atraía, eso y entretenerse doblando la ropa, en ello encontraba el silencio y el ruido conteniendo su estupefacción, su cordura, su conciencia y la inspiración de cada uno de los impulsos decentes de su vida.

El día que llovió hacia arriba

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1
Ene

Cuando la música suena

Aquel silencio la desconcertaba, enjugándose el sudor ya en el nuevo año, faltándole las palabras, vacilante. Si bien, atisbaba una sonrisilla delgada, presumía en ella una tácita complicidad bajo los ojos avergonzados, rehuyendo un ademán típico por la infame propuesta.

No le quedaba otra. Se había hecho mayor. La edad ya no le era aquella letanía pueril con la que forcejear. Capaz era de sentirse invulnerable e invencible, desierta aquella vasta extensión de ruinas, de hombres. Era ella: su cuerpo, su manera de caminar, de mirar… maniobras con munición real.

 

 

25
Dic

Si hubieras conocido a Charlotte

Quizás mi nombre no te diga nada, empezó con una sensibilidad extraordinaria.

Por fortuna aprendió a hablar con las plantas. La muerte repentina de su pareja, cuando aún eran jóvenes y tenían proyectos de vida en común, la hizo más intimista convirtiendo cualquier lugar en un precioso retrato.

Y de su cocina salían siempre lo menos cinco aromas que distorsionaban cualquier realidad. Cocinaba con un poco de suerte, era desconcertante y excepcional, mezclaba de todo y le salía bien. Decía que no le quedaba otra, que había de hacerlo.

Su exilio interior llegó cuando lo peor de la guerra. Cuando los políticos instaron a comprometerse con los principios y los generales tomaron partido. Se declaró virgen jurada, no más.

Apareció inconsciente en una playa improvisada de cuerpos, como tantas que hicieron, indefensa, la que no se dejó llevar por la muerte ni por la inercia de los tiempos. Se negó a ser la víctima perfecta y hacer política de sus encantos, que los tenía. Sobrevivió y al cuestionar valores arraigados y enseñar a mirar distinto es cuando pereció. Éramos unos niños, y tu madre nos trajo aquí. No hablamos del pasado remoto, sino de algo que se prolongó hasta los noventa.

Las vejaciones a las mujeres y el control de la maternidad siempre han sido y fueron un arma poderosa, y tu tía lo supo desde siempre, igual que su hermana, que la quiso como a ninguna otra por poco que se tuvieran. Y sí, he venido a decirte que Charlotte era mucho más que lienzos, se llamaba Ramiza.

Murió sin rencor contra los asesinos de su hijo. Ni odio ni maldad. Aún con esperanzas en que se encontraría la otra mitad. “Su madre no lo trajo al mundo sin cabeza ni brazos. Los tenía y era muy bonito” dijo siempre que pudo.

La inteligencia artificial no nos volverá más ni menos conscientes, tampoco las reconciliaciones que obvian la historia. En treinta años ha habido muchas Navidades y ninguna. Y más guerras, todos parcialmente responsables.

Pero sí, siempre se juzga lo que pintan las mujeres y no los hombres. Damas, heroínas, víctimas…

A los milagros hay que llamarlos

PEBELTOR, libros con y sin retratos.

 

 

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