Ser escritor y todo eso

24
Ene

Mentiras que salvan a todas las partes

Hace unos días recibí una crítica/comentario sobre el libro que publiqué, de momento como edición limitada: La Francotiradora de su Tía.

Era de un compañero de trabajo, buen lector y alguien muy versado en letras, que definió el libro como un fogonazo entre dos nadas. A veces el fogonazo dura lo suficiente para iluminar el camino a seguir, otras sólo consiguen rutilar el tiempo exacto que justifica su oscuridad.   

Siendo así, fue a por el título, por aquello del carácter fulminante, extinto y oscuro de La Francotiradora de su Tía como si necesitase interpretar su génesis, su glosa aclaratoria, su motivo y razón. Luego con el cuento, los microrrelatos, nanorrelatos y aforismos.

Quedó impactado, conmovido, aturdido por el ruido infernal -decía-, asistido impagablemente por ilustraciones inductoras, tal vez traductoras.  

Efectivamente, el libro trata de un acertijo desesperado llamado vida. Un libro elegante. Es un todo y un nada, surgió para contextualizar pensamientos y probar con otras composiciones, rastros de una huella que habita el instante; juegos de la edad tardía.

Aún pueden documentarse sobre el mismo,

éste es el enlace.

 

4
Jul

Mujeres y hombres, amén del ruido de…

Lo que más atormenta es lo que no nos ordenan hacer.

El libro va de eso. Y acaba como acaba. Era y es España y el mundo que había y que tenemos. Madrid, provincias, el mar. A menudo, algunos taxistas solo rellenando espacios. Porque hacemos y deshacemos, sentando los principios de nuestra decencia, de nuestra ley.

¿De qué servía la palabra de un muerto? Sí, ¿de qué servía la palabra de un muerto? Debiéramos enseñar a nuestros hijos que el verdadero éxito radica ante todo en el humanismo. La esperanza pese a todo. Porque, cuando la gente desaparece se le deja de leer. Y este libro estaba abocado a llamarse El mar de la primera vez e ir por otros derroteros, no obstante, se prefirió centrarlo en lo más cercano a un héroe que podía datarse en esos tiempos.

No en vano todo son olores, miradas, secretos y complacencias para al final poner la lealtad en las primeras emociones. Que, de cualquiera, su sombra siempre sabe lo que teme. Y era el momento de hablar de esas postales, donde la guerra era herencia, con la prisa y el bullicio de un espacio obrero y urbano.

Quien fue ya no es, y como si nunca hubiera sido. Envejecer siempre fue parte de la vida. España, Madrid, no te da la mano, escribir y los barrios sí. Sin ello, que quieto resultan todos aquellos momentos. Sin la familia, sin el aluvión poblacional. Que quien escucha, su mal oye.

La gente necesita tener su propio legado, que demasiado complicado resulta ser valiente. A los milagros hay que llamarlos no es un título porque sí. La gente necesita señales para creer en su propia fuerza. Con engaños, embustes, dioses, altares, premios, negaciones o lo que se tercie.

Fotos muy presentes, jueces y mierdas de todas, en resumidas cuentas, quien, escribiendo las escenas a espaldas del paraíso, al igual que el autor, aprendió que más que al amor duraba olvidarlo. Viendo a la gente pasar, cual nómada en busca de consuelo, fumándose un puro departiendo con el que le tocase al lado en el luctuoso aniversario de su esposa, si acaso, pues la normalidad estaba entre lo que eran y lo que debían ser. Escribir también era eso: imaginarse relaciones, decisiones difíciles, muertes, adulterios, urbes de toldo verde, mares en calma, las piedrecitas de una playa o la flama de los espejos por cuando había que ganarse el pan, máxime, cuando Dios desaparecía de la ecuación, no habiendo, mucho más por lo que ser buenos

Y tocaba atreverse, estar furiosa, áspera, liberal, viva, leal, cobarde, zorrear animosa… para no hallar fuera de ese bien centro y reposo. Mujeres y hombres, amén del ruido de Madrid y sus comidas.   

La clave está en gustarte a ti misma de verdad con tus arrugas, tus manchas y tus tetas caídas, cual cincuentona con dos divorcios y dos hijas a tus espaldas. Eso también es Madrid y el dolor y la sexualidad como centro de la virtud, los trabajos y los días. Justo ese Madrid y vida en donde a todas las mujeres les gustan los hombres que hacen daño al abrazar; aceptando en la vida el amor que creemos merecer.

Lean el libro, y me cuentan si es o no ese Madrid el Estados Unidos español, ese de los taxistas, sus bandas latinas, las putas y los jueces.  

18
May

Ser escritor habiendo gente en el cielo

Es casi un dios quien teniendo razón sabe callarse, si bien, ¿cómo vivir en un mundo regulado, una cárcel de tinieblas?

Habría que rodearse de ganadores para que las victorias no sonasen como que se estaba presumiendo, y eso hizo el escritor, en la tierra y en el cielo.

La Francotiradora de su Tía no es un título porque sí. La narrativa ilustrada siempre llamó la atención. Sus textos dicen lo que dicen: hablan de los días y los trabajos. De las verdades, de las falsedades. De lo que se tiene, de lo que nos falta.  

Un libro que no es un libro, sino una joya. Algo exclusivo, atemporal. Limitado.

Tal proyecto no deja de ser un relato social didáctico, completamente ilustrado (como podrán comprobar). Y, de esas cosas que las veces suceden, se encandila con envidia subliminada, sirviéndonos para comprender el mundo complejo en el que vivimos en un constante aprendizaje. 

Como bien es sabido, a buen juez, mejor testigo. Las psicologías de los colores que se muestran son latentes, porque regenerar el destino es otro placer añadido en tal arte, combinando bellezas y fulgores, esperanzas y sólidas evidencias de riquezas, que todo se precisa. Sin extremismos y sin demagogias. 

Es un libro ideal para tener, para regalar, casi mejor que un puñado de caramelos, que los sonidos de ausencias o los castigos sin venganzas que no premian nada. Se ideó para esas fechas navideñas de fin de año, por ejemplo, como detalle o gesto de empresa o familiar, y, por cuando hay que saber distinguirse, personal y empresarialmente

El libro como tal está concebido con papel de calidad y excepcional color y tapas duras al objeto de mostrar la clarividencia de la obra explorando los sentimientos lúcidos ilustrados en un viaje al destino compartido

Toda una declaración de principios en formato bolsillo, abierto a todos los públicos, pues su tiempo es el de todos. De esas inversiones que mejoran la cuenta de resultados, presentes y futuros. De esas cosas que siempre quedan bien. Que no estorban, que suman. Que crean y rehacen momentos, vidas.

El propio autor ha hecho la edición, limitada y exclusiva, por responsabilidad social corporativa. Un sencillo libro, cual experiencia vital, también tiene el poder de cambiar las vidas, estableciendo sinergias con muchos colectivos, en un mapa colaborativo por la igualdad referenciando de mejor modo las singularidades y toda esa pluralidad social, en absoluto demonizándolas. 

El mejor recuerdo, regalo, para los que están, y para los que se nos fueron. Tesoros, alhajas, perlas, maravillas. Propio y representativo. Único. Hechos y sentimientos que no se mercadean.  

10
May

Ojo de lince

Érase una vez un escritor, que poseía una visión tan penetrante que le permitía ver a través de las vidas, los días y los trabajos. No se trataba de un símbolo de la biodiversidad ibérica, sino también de que la conservación efectiva era posible. Se podía trabajar, se podía escribir y se podía ser independiente. Y no por ello se carecía de alma. Como si todo, como si nada, como si nadie iba en busca de cariño e identidad. De esperanza de vida en libertad, como todo animal. 

Escribía sabiendo atesorar los ojos que eran reflejo y las risas que hacían hogar. Sus obras no eran fruto de la suerte: lo que estaba dispuesto a hacer de más era lo que marcaba la diferencia, teniendo el odio mejor marketing que la bondad. En sus letras separaba las personas del argumento con la mayor serenidad posible, siendo consustancial a sus días, fragmentos que dormían como un animal sin vida esperando ser vistos y leídos.

Entre tanto perdía la inocencia y descubría la soledad, la autoridad y la vida adulta. Y como cualquier otro animal, llegaría un día en el que ya no conocería a sus cachorros, y no se llevaría mayores desengaños con tales obras. Sería entonces cuando hubiera logrado la esperanza de vida en libertad, suya y de otros. 

PEBELTOR

literaturas fronterizas

21
Feb

El olor de las rosas cuando se es escritor

Llegado a la media vida, o superada, el escritor escribe de eso. De cómo se llega a la ancianidad, de cómo se puede o no ser invisible, de cómo se juzga hoy en día, de cómo han evolucionado las relaciones que no todo es ya hombre y mujer, de cómo y quién es bueno y malo, y de los hijos y los padres, o las amistades y los negocios varios. Es una apuesta fuerte, que apuestas las hay.

Si quieren saber ¿Por qué las rosas ya no huelen como antes? lean el libro. Hay como que tres/cuatro partes: el juicio, cómo asimilarlo, la vuelta a la realidad, y las consecuencias. Precisamente porque es doloroso tener que juzgar y lidiar con esa presión, quedándote sin vida o aprendiendo a vivirla de peor o mejor modo. Por no ser juez, y por los que tienen que serlo, que por facultados y entrenados también sufren y tienen sus vidas paralelas. Y porque en este caso (el caso Pepe Lomas) se llegó a poner en duda el Código Penal, con elecciones y partidos políticos de por medio, amén de las manifestaciones de los ciudadanos de a pie en favor del octogenario que cogió su escopeta y descerrajó varios tiros dentro de su propia casa alegando legítima defensa y llamando él mismo a la policía. Un caso que se ha juzgado más de una vez, y ninguna. Todo ello en una ciudad de provincias, no en la capital ni en primeras líneas del frente… que tampoco fue casual.   

Políticos y demás personas de esa misma o similar calaña se han ocupado de crear ese panorama cultural por la cual ellos mismos se han hecho necesarios, cuando no debiera ser así. Lo mismito que ciertos ámbitos de la justicia. Justicia con mayúsculas. 

En otra época y lugar nos lo hubiéramos creído como una historia del cine americano, seguramente. A lo sumo francés. Y rosas u hortensias daría igual. Tras ciertas decisiones nada es lo mismo. Matar o no matar. Querer o no querer a alguien. Disparar o llamar a la policía antes de hacerlo… Vivir en pareja plenamente consciente. Que los hijos sean lo que deben ser y se espera de ellos. Lo mismo de los matrimonios. Etc.

La historia tiene numerosos hechos verídicos, la mayoría de ellos lo son. Apenas se han cambiado los nombres y poco más, conjugando las personalidades. La platea, el foro, la ciudad, el lugar o escena es exactamente la misma. Ni más, ni menos. Por eso choca, así como las actitudes, las declaraciones, los pensamientos y los engreimientos de los intervinientes.

Y esa es la obra, el olor de las rosas cuando se escribe, cuando uno se aventura a ese paréntesis suspendido en el tiempo y dice, reflexiona, hace, se equivoca, toca, maneja, deleita, sufre, come, llora, despotrica, se caga en su puta madre, fastidia y recrea vivencias, momentos y sensaciones. Una rosa no es la significación política, que alguien pudiera querer ir por ahí (y también encajaría); ni es una persona en concreto. Es la esencia. Cómo las personas y las vidas se adaptan a los acontecimientos quieran o no, unos mejor y otros peor. Y es una crítica en toda regla.

Siempre se obvió el título Pepe Lomas, o El caso Pepe Lomas, Legítima Defensa y otros similares del tipo Jurado Popular. Decían, pero no decían lo suficiente. Salió al final, ya terminado el libro, aquel lugar de los hechos: Valdelobos 60. Y no era la persona, tampoco el lugar, ni el caso en particular, que sí, que se cuenta una historia muy, pero que muy real. Y dura, expresiva, burda, indignante por momentos, en donde cada cual es libre de pensar y hasta de hacer, que eso fue lo que pasó: que un hombre, ya anciano, disparó dentro de su propiedad (vivienda en la que residía) a una persona que presuntamente entró a robarle y que resultó ser un inmigrante; y fue condenado por ello con Jurado Popular. Pero hubo mucho más. Estaban las reacciones de las distintas personas implicadas, de los jurados, de los políticos, de la sociedad en general… estaba y está ese poso que perdura.

Te querré cuando vuelvas fue el primer escenario. No tiré a matar. Tiré a avisar fueron los siguientes. También el de Buenos y Malos. Al que le sucedió el de Hijos de Puta. Finalmente, llegó el turno a ¿Por qué las rosas ya no huelen como antes? Una mezcla de contundencia, dentro de la contención a la que nuestro propio lenguaje nos obliga, de síntesis y, si me permiten, de audacia y sarcasmo… partiendo de los hechos y del Derecho.

Primera páginas,

gratis.

 

 

16
Nov

Un libro que creía olvidado

En Villaciruela estaba prohibido leer, escribir. Las señoras habían de serlo siempre, admirables en cualquier circunstancia. Afortunadamente siempre existía otro día. Y otros sueños. Y otras risas. Y otras personas, y cosas. La población negra no fue creada para ser explotada por la blanca; ni las mujeres por los hombres. Se maldecía hasta el viento. La rendición espiritual era eso: mantener lo que ya existía en la mente de todos. Un vacío que no era silencioso si no se quería, porque escribían sus diarios íntimos: todos. Incluso los párrocos, gentes que debían confesar y confesarse. Era la tiranía de la perfección, o eso creían, en un aparte de la península de las casas vacías con silencios de guerra y obligaciones impuestas.

Pero para aprender a vivir, todos tenían que aprender a amar.

Uno busca su tiempo de paz, de silencio. ¿Qué escribir?, que las palabras que introduce le hagan no ser prisionero de la sociedad, y poder evadirse. Solo que al escribir uno es vigilante y prisionero, y también ladrón de libros. Sentir el frío en la cara o recorrer el miedo se puede hacer con las palabras y sus malabares, logrando sentimientos y vivencias jamás imaginadas sin ni llegar a ser un juguete roto.

A esa otra realidad verdadera y profunda se evadió el autor con la novela Castigo de Dios y de los hombres en la tierra representando una muestra recelosa de un proyecto mayor en una ciudad imaginaria, que no lo era tanto. El autor tomó ideas de su lugar de residencia; de algunas personas; leyó y maquinó. Hubo de dotar de una estética y de unos contenidos a Villaciruela (ese territorio de sentimientos encontrados), y como escritor ser el rey tras el cristal oscuro.

Se ubicó en el futuro, pero con tintes de un pasado no tan desconocido. Muy posible, demasiado. Con creyentes y sin ellos, y sexo, tiempos amargos, familias rotas, párrocos por doquier y el Pueblo de Dios unido en la misión, como se instruía.

No era paz, era silencio.

Nada era blanco inmaculado. Ahora bien, hubo un tiempo en el que escribir fue de agradecer. Después hubo de terminarse la obra, cerrarla, y hasta prepararla para su edición. No obstante, quedó un poso de creencia, de verdad. No de mentira. Como escritor algo entendió de cuanto se documentó. Era la vida real, por futuros o pasados inciertos que hubiera habido.

Y aunque se habló más concretamente de una religión, estaban todas. Sin excepción. Pero la tranquilidad no duró demasiado. Fue ponerse a escribir y pensar de más, intentando definir una ética capaz de hacer justicia a lo indecible.

Más, no admirando a ningún malvado, como el aire que respiramos, necesitó otro pulso para desmadejar todas esas involuntarias evocaciones, estando ahí la sombra del fracaso, dejando atrás Villaciruela. Esa ciudad y sus muros inciertos que fue hacia el futuro por el pasado, con la mirada a la verdad y sus múltiples versiones.

No nos amamos lo suficiente”, concluyó para sí el autor sabiendo de los diarios íntimos de unos y otros, que no eran sacos de basura y sí la verdad de sus días. Tanto como que poco después, leyó en un diario de provincias, por donde Villaciruela: Localizan a una niña de trece años embarazada y casada a la fuerza; ya había tenido un aborto, por malformaciones graves. Fue ofrecida y comprada por medio de las redes sociales.

Evidentemente, no era la escritura de los dioses.

Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra Política de cookies. Más información

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación, y ofrecer contenidos y publicidad de interés. Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra Política de cookies.

Cerrar