Extraños (Blog)

10
Sep

El hogar

Una semana más tarde, la manada emprendió el camino de regreso a un hogar que no sabían dónde estaba, ni cómo ni cuándo llegarían a él.

Cuanto les rodeaba era ciertamente hermoso y placentero, pero el simple hecho de tener que estar siempre atentos a la difícil tarea de sobrevivir permitía al líder y a los suyos que los recuerdos les llegaran en tropel. Ese era el momento en el que debía demostrar su auténtica valía al elegir la menos gratificante de las opciones.

La mayor de sus hijas abultaba casi el doble que aquella frágil trompetista que aspiraba a convertirse en la nueva esposa de un joven inexperto con la edad justa como para fijarse en una elefantita tan bonita, avispada y llena de vida. Quien insistía en cargar con ella, chasqueando la lengua y guiándole un ojo como si acabara de cogerle en un renuncio al insistir.

Si bien, a los ojos del padre, aún no era la elefanta a la que poder amar, acariciar, poseer y penetrar con la fuerza con que acostumbraban a hacerlo.

El golpear de sus propios corazones les impedía percibir con nitidez el golpear de los pies de otros, que avanzaban en silencio y ni tan siquiera jadear. 

Únicamente sobrevivieron tres de ellos, que al llegar a viejos les contaron a sus nietos que había sido la tierra muerta y no las tribus, las personas, las que habían aniquilado a ese selecto grupo. Resultaba en verdad difícil entender cómo era posible que tan extensos territorios ricos en agua, carne y toda clase de posibilidades para implantar una floreciente agricultura se encontrasen, no obstante, tan escasamente poblados.

Para sorpresa, el resto de los animales ni se inmutaron siquiera, como si el hecho de que tres de sus compañeros estuvieran pataleando en el estertor de la agonía careciera de importancia.

Con el paso del tiempo, volverían las noches y volverían las lunas. De todo ello, la soledad era lo único a lo que les agradaba regresar a menudo. La razón es que pocas cosas activaban de una forma más rápida la memoria que un olor, y esa memoria tan solo les traía a la mente años de tristeza, penurias y angustiosa soledad.

Por suerte, fértiles y gigantescas praderas continuaban prácticamente deshabitadas.

PEBELTOR

Tierra de gigantes

 

 

3
Sep

Se encontró con ella

Se encontró con ella en la estación, el Titanic de las Montañas, y después de no haberla visto en dos meses y medio, por referencias se animó al ver lo guapa que estaba, con un tono más oscuro por el veraniego sol y sus sobresaltos de aquel archipiélago que los presentó.

Ella y su vestido anaranjado, lo que añadía otra nota de color con una facilidad pasmosa; más el moño de bailarina era correcto, la velocidad no tanto.

La muchacha tenía espíritu, mujer más bien. Chica lista y orgullosa. Su hermanastro se lo iba a decir, ya no se lo podía callar, dispuesto a concederle el beneficio de la duda, aunque los análisis no dejarían duda. Si bien una curva puso fin a ese estilo tan frenético y a las preocupaciones.

La que sobreviviría fue la pequeña, sin duda un mañana más instructivo y satisfactorio, un porvenir de más tardes y posiblemente incluso noches. Los abuelos, siempre con dudas y aprensiones, nervios y más nervios, y de no haberlo sido, peor aún.

29
Ago

Era difícil saber si…

…aquel rostro sonreía o reflejaba una tristeza inmensa o una indiferencia total. 

La historia interminable

 

 

27
Ago

Mala cosa

Él seguía retumbando a través de la oscuridad. Pero también los edificios parecían absurdos, como si tuvieran las puertas en el tejado, escaleras a sitios adonde no se podía llegar y que acababan en el vacío. Hasta puentes cuyo arco se interrumpía de pronto.

Las mujeres no, solo que algunas sí que hacían tonterías, como lo de intentar pinchar guisantes con agujas de zurcir, sofocarse por nada o estar todo el tiempo con la carne de gallina por no abrigarse bien.

Y un hombre gordo intentando pegar sellos de correos en pompas de jabón, estallándole las mismas, claro.

De pararse a pensarlo, habría que admitir todas las historias y todas las vidas; difícil de comprender tantas contradicciones. Eso, o mudarse con frecuencia.

20
Ago

Parecidos

Lo de ser una persona muy feliz, romántica y dulce no iba con ella. Si bien, la vida brindaba esos momentos de felicidad a pesar de todo.

Él la oyó respirar en mitad del silencio, y como si hubieran sido compañeros de instituto de una pequeña ciudad costera, pero ahí acababan sus parecidos.

Permitirse esa atracción hacia alguien que jamás encajaría en su mundo fue su error menos grave. Y lo de negar con la cabeza con gesto ambivalente sucedió demasiadas veces. Con el tiempo los dos se sintieron mal. Daba la impresión de que la gente hacía cosas sin sentido ante el dolor, o era solo porque la vida humana carecía de sentido, y esa era la verdad que revelaba el dolor.

Eso sí, ambos dejaban la puerta del dormitorio abierta, con la fuerza del deseo más extenuante contenido, y eso que les separaban dos mundos, dos países, dos culturas, dos familias. Atrapados entre dos lugares, donde tampoco terminaban de encajar, y así toda la vida desde que ella levantó la mirada y él la vio… hasta que supieron que ya no podían alargarlo más.

A sus familias les sonreían con aire distraído. Las cuales se hacían las tontas por no haber adivinado lo que les pasaba por la cabeza. De todos modos, quedaba poco para que se volvieran a reencontrar, y les encantaría que pudieran quedarse el uno con el otro. Ellos se dejaban hacer, como si les hubieran ganado la discusión. Ya nunca más tendrían que fingir, les gustase o no tanto a la gente, en términos de intereses y demás.

15
Ago

La oscuridad…

…también tenía su propia belleza: tal día hicieron dos veces el amor. 

Quería mirarle a los ojos cuando naciera su primer hijo. 

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