julio 2025

31
Jul

Algo para acordarse de ella

Cuando aquel día estuvieron paseando juntos, él era su último amigo soltero. Después, pasó lo que pasó. Y fuera ya de los tribunales, siempre tendría algo para acordarse de ella, tal que tuviera su corazón en una caja más allá de las responsabilidades jurídicas. 

En las horas centrales miraba por entre los barrotes y seguían allí

Quizás, la libertad tan deseada por él ya no le pertenecía. Ya no existiendo para la justicia ni la piel que alguna vez acarició. 

26
Jul

Canción de amor caducada

No puedes elegir de quién enamorarte, el amor te lleva puesto. 

24
Jul

Dos caras para una misma piel

Fue la vida lo que los llevó al amor. El uno llevaba una vida esperándola, y a ella le fue imposible no creérselo. Ella le intentó enseñar a querer, a querer distinto, no solo que le exigiera ser mujer.

Pasada la treintena el estatus social, la impresión de seguridad y fertilidad tomó preponderancia, clichés aparte. La altura, el tono de piel, el cabello y ojos, la textura de la voz, el rostro, que tuviera un buen cuerpo y músculo, que supiera vestirse bien.

A él no le gustaban las mujeres que habían estado con muchos hombres.

PEBELTOR

17
Jul

Cuando quieres a alguien

Cuando se quería a alguien se pasaba por alto lo obvio. La debilidad, la dependencia, la desesperación. Poner límites era difícil, pero más complicado resultaba vivir tolerando todo cuanto le hacía daño.

Y no le compadecía, no dejaba de ser un ejecutivo sociópata o la representación más vana y mísera de ello, con toda la osadía y la profunda ignorancia que albergaba.

Al final ella estaba segura de que si su corazón dejaba de latir el suyo dejaría de dolerle. Y abonó lo que le pidieron, pasando de la indecencia al privilegio, celebrándolo.

El peligro no siempre eran los perros callejeros y los niños; las mujeres baratas eran las que a la postre salían más caras.

12
Jul

Lo más urgente era esperar…

…dijeron que se hizo rico y se marchó. 

10
Jul

La honradez y la impostura

Ella no tenía la culpa, quienes la miraban sí.

Unas por imputarle malicia y falsedad, otras por conmoverse o desearle ser tetrapléjica. Y el hombre, el superhombre, con esa rectitud de ánimo e integridad en el obrar queriéndola como poco para cinco minutos. Fingimiento o engaño, todos, y bondad.

Gustaba, era muy guapa, hermosa. Hasta se dejaría entrevistar. Calumniarían, difamarían, murmurarían por ella. Con decencia y sin ella. Se mostrarían vulnerables si con ello le despertase simpatías.

Lo que no sabían es que su corazón latía más rápido, quemaba grasa con más lentitud, tenía un sistema inmunitario más fuerte, su lengua tenía más receptores de dulce, parpadeaba el doble, tenía más flexibilidad que lo parecido, usaba el color rojo, se maquillaba claro, el radio de la cintura a la cadera indicaba su nivel de estrógenos, tenía una voz más aguda, usaba lentes, y hasta podía llegar a ser torpe y terca.

Con todo y con eso se descalabrarían por ella con furia, o la acusarían de dominar el arte de quitarse el sostén sin sacarse la blusa y de jugar con sus pechos frente al espejo.

Si supieran que el siete de septiembre fallecería atropellada al cruzar el paso de peatones de casa de sus padres, ella y su hermana pequeña, sin duda alguna, se lo pensarían y todo quedaría en un absoluto misterio.

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