Fue la vida lo que los llevó al amor. El uno llevaba una vida esperándola, y a ella le fue imposible no creérselo. Ella le intentó enseñar a querer, a querer distinto, no solo que le exigiera ser mujer.
Pasada la treintena el estatus social, la impresión de seguridad y fertilidad tomó preponderancia, clichés aparte. La altura, el tono de piel, el cabello y ojos, la textura de la voz, el rostro, que tuviera un buen cuerpo y músculo, que supiera vestirse bien.
A él no le gustaban las mujeres que habían estado con muchos hombres.
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