Hace unos días recibí una crítica/comentario sobre el libro que publiqué, de momento como edición limitada: La Francotiradora de su Tía.
Era de un compañero de trabajo, buen lector y alguien muy versado en letras, que definió el libro como un fogonazo entre dos nadas. A veces el fogonazo dura lo suficiente para iluminar el camino a seguir, otras sólo consiguen rutilar el tiempo exacto que justifica su oscuridad.
Siendo así, fue a por el título, por aquello del carácter fulminante, extinto y oscuro de La Francotiradora de su Tía como si necesitase interpretar su génesis, su glosa aclaratoria, su motivo y razón. Luego con el cuento, los microrrelatos, nanorrelatos y aforismos.
Quedó impactado, conmovido, aturdido por el ruido infernal -decía-, asistido impagablemente por ilustraciones inductoras, tal vez traductoras.
Efectivamente, el libro trata de un acertijo desesperado llamado vida. Un libro elegante. Es un todo y un nada, surgió para contextualizar pensamientos y probar con otras composiciones, rastros de una huella que habita el instante; juegos de la edad tardía.
Aún pueden documentarse sobre el mismo,
Es casi un dios quien teniendo razón sabe callarse, si bien, ¿cómo vivir en un mundo regulado, una cárcel de tinieblas?
Habría que rodearse de ganadores para que las victorias no sonasen como que se estaba presumiendo, y eso hizo el escritor, en la tierra y en el cielo.
La Francotiradora de su Tía no es un título porque sí. La narrativa ilustrada siempre llamó la atención. Sus textos dicen lo que dicen: hablan de los días y los trabajos. De las verdades, de las falsedades. De lo que se tiene, de lo que nos falta.
Un libro que no es un libro, sino una joya. Algo exclusivo, atemporal. Limitado.
Tal proyecto no deja de ser un relato social didáctico, completamente ilustrado (como podrán comprobar). Y, de esas cosas que las veces suceden, se encandila con envidia subliminada, sirviéndonos para comprender el mundo complejo en el que vivimos en un constante aprendizaje.
Como bien es sabido, a buen juez, mejor testigo. Las psicologías de los colores que se muestran son latentes, porque regenerar el destino es otro placer añadido en tal arte, combinando bellezas y fulgores, esperanzas y sólidas evidencias de riquezas, que todo se precisa. Sin extremismos y sin demagogias.
Es un libro ideal para tener, para regalar, casi mejor que un puñado de caramelos, que los sonidos de ausencias o los castigos sin venganzas que no premian nada. Se ideó para esas fechas navideñas de fin de año, por ejemplo, como detalle o gesto de empresa o familiar, y, por cuando hay que saber distinguirse, personal y empresarialmente.
El libro como tal está concebido con papel de calidad y excepcional color y tapas duras al objeto de mostrar la clarividencia de la obra explorando los sentimientos lúcidos ilustrados en un viaje al destino compartido.
Toda una declaración de principios en formato bolsillo, abierto a todos los públicos, pues su tiempo es el de todos. De esas inversiones que mejoran la cuenta de resultados, presentes y futuros. De esas cosas que siempre quedan bien. Que no estorban, que suman. Que crean y rehacen momentos, vidas.
El propio autor ha hecho la edición, limitada y exclusiva, por responsabilidad social corporativa. Un sencillo libro, cual experiencia vital, también tiene el poder de cambiar las vidas, estableciendo sinergias con muchos colectivos, en un mapa colaborativo por la igualdad referenciando de mejor modo las singularidades y toda esa pluralidad social, en absoluto demonizándolas.
El mejor recuerdo, regalo, para los que están, y para los que se nos fueron. Tesoros, alhajas, perlas, maravillas. Propio y representativo. Único. Hechos y sentimientos que no se mercadean.
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