La tela no dejaba pasar su respiración, le picaba la piel, la cara, todo. Era como si su vida hubiese acabado. Todo sucedió rapidísimo. Y luego desapareció y un breve capítulo de su vida se cerró, y ella había sobrevivido; se acabó. 

Seguía cabreado; si bien, lo más importante es que seguían estando juntos. Sin nada, solos; el puto fuego los dejó así, mirando fijamente a una lámpara de un techo prestado, y las piernas desnudas estiradas sobre la colcha, prolongando ese intenso silencio.

Eso era amor: recostarse sin decir nada, acariciarle el cabello, darle un beso, saber de su silencio, ser su refugio, abrazarlo después de hacerle el amor.

Lo tenía todo y no tenía nada

Escribir un comentario

Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra Política de cookies. Más información

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación, y ofrecer contenidos y publicidad de interés. Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra Política de cookies.

Cerrar