Extraños (Blog)

5
Jun

Mis ratitas presumidas

Las paredes llenas de recuerdos. Recuerdos cruzados tanto como los rayos de sol ausentes y presentes. El maldito tiovivo por ahí. O el sucio pañuelo, sucio y ajado, triste y loco pañuelo, tu pañuelo preferido. Más las sillas del salón, en mesa de cuatro, junto al viejo reloj de arena que tanto nos gustaba mirar.

Otra noche para descontar cuentas y cuentos. Solo nos queda el de La ratita presumida. Ya hemos leído todos mil y una veces… tal y como os prometí Princesas.  

29
May

Donde las horas perdieron su reloj

Contaban los más ancianos que fue de un día para otro, si bien, todo tenía su escala en el tiempo. Aunque no les faltaba razón.

Primero, que si la tecnología; luego, que si los políticos; tercero, que si los jóvenes habían perdido el interés y así una tras otra… hasta llegar a perderlo prácticamente todo. Ni la mismísima Administración Pública fue capaz de mantener el tipo. Y para colmo los animalistas.

Todo, absolutamente todo, se quedó detenido en ese lugar. Las estaciones, las hojas, el crecer de los árboles, los coches, la electricidad. Todo, menos Carol. La simplona y cruel Carol, más el eco de sus palabras resonando (mamá, mamá), quien prefirió seguir mirando al cielo que acabar allí, a quien únicamente las lágrimas de auténticos sentimientos la liberarían de su propia armadura.     

22
May

Al cuarto día visitó la tumba, ¡qué hijo puta!

Se podía ver de todo. Desde una señora sentada a los pies de una mesa con las gafas de sol puestas, como el fieltro de una antigua mesa de billar salpicado de quemaduras de cigarrillo, o el desangelado mar por el aire viciado, apestoso, pleno de cerveza y algo más que sudor corporal. Perfumes de equivalencia, que también

No se atrevió a acercársele. Ya bastante vivieron juntos. Se ubicó en un pequeño espacio despejado que había junto a la barra, teniendo justo delante a una que se mecía suavemente adelante y atrás, cuando por el fondo otras tantas se sacudían la cabeza tras haberse quedado con la boca abierta.

Ella no. Siempre lo conoció muy bien, demasiado bien. Peor de lo que se esperaba.

Nunca se llega a conocer de verdad a las personas -le espetó otra, afectada, evitando mirarla a los ojos.

Ni remotamente sospechosa, pero como todas, le asintió con la cabeza teniendo una porción de pastel en la lengua.

Y todas permanecieron juntas en tal lecho, más de una con las mejillas encendidas. Que había quienes portaban a niños pequeños en brazos.

15
May

Leche con galletas

Entró en el ascensor y pulsó el botón de su piso. Después, dos más. Las puertas se cerraron y, despacio, casi que como en un sueño, adormilados, empezó a moverse lentamente.

Ella lo miró sin comprender, y entonces se dio cuenta de que tenía el auricular pegado en la oreja. Cumplía estrictas órdenes, o se las estaba saltando.

Jamás volvieron a ver a su hijo. Y la niña se crio pensando que era hija única.

Tiempo después, ya en la senectud de sus padres, hiló todo y le pareció maravilloso y valiente como su madre deshojó la margarita día tras día. La señora March, siempre llorando en silencio. De su padre tampoco recordaba nada, ni que algún día hubiese ido a recogerla al parvulario.

El único problema es que necesitaba más mentiras. Saber que fue su tía no era como para volver a quedar y tomarse una limonada o leche con galletas como si todo, como si nada, como si nadie.

8
May

La mujer impuso sus normas

En las películas se cuidaban mucho de sacar a alguien fumando. Ella lo hacía con y sin gracia, capaz de prender fuego a todo. Mujer de seis pasos para verla entera y no solo por partes de lo guapa y estilosa que era, ella y su atractivo.

Por mujer sabía ser creíble, tener personalidad y por lo demás, también bien. Sabía moverse en muchos terrenos, en casa y trabajando. El apocalipsis se detendría ante ella, si fuera el caso, dando un tiempo al fin del mundo.

Estaba jubilada, y eso que solía trabajar como directora de hotel. Mujer que sabía mirar a lo tonto, estar al margen, y no solo vivir de espectadora de los demás. Cuidaba de cinco nietos.

1
May

No hicieron falta palabras

Cuando todo el mundo estaba ocupado intentando ser alguien, sucedió. Costaba interpretar por qué la gente hacía lo que hacía al verlos así, socializando como antes.

Algunos, incluso por jóvenes ya eran viejos hacía diez años, si bien, en apenas unas horas se humanizaron de nuevo.

Los datos eran tozudos, innegables. Antes o después, lo diferente asustaba.

Pero sí, la gente reaccionó en parte. Los episodios agresivos ya no hacían ninguna gracia. La gente que vestía de una manera que llamaba la atención pero sin exagerar, fue aceptada, es más, pasó desapercibida. Se escucharon las voces de los niños jugando en los parques, en las calles. Las mujeres supieron hacer de todo eso un cine social, amable, sin tremendismos, que rezumase verdad.

Los pobres, no obstante, siguieron siendo invisibles. Y eso que las ciudades no fueron lo bastante grandes y la gente aprovechó para mirar las estrellas del cielo, como si jamás hubieran estado ahí.

Realmente, no hicieron falta palabras para entender el momento… Faltó saber ¿por qué las rosas ya no olían como antes? 

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