Contaban los más ancianos que fue de un día para otro, si bien, todo tenía su escala en el tiempo. Aunque no les faltaba razón.
Primero, que si la tecnología; luego, que si los políticos; tercero, que si los jóvenes habían perdido el interés y así una tras otra… hasta llegar a perderlo prácticamente todo. Ni la mismísima Administración Pública fue capaz de mantener el tipo. Y para colmo los animalistas.
Todo, absolutamente todo, se quedó detenido en ese lugar. Las estaciones, las hojas, el crecer de los árboles, los coches, la electricidad. Todo, menos Carol. La simplona y cruel Carol, más el eco de sus palabras resonando (mamá, mamá), quien prefirió seguir mirando al cielo que acabar allí, a quien únicamente las lágrimas de auténticos sentimientos la liberarían de su propia armadura.
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