Extraños (Blog)

20
Sep

Imagina que morirás mañana

Hay estilos de vida que no aprobaríamos. Estilos que no hemos ni probado a llevar por cercanos o extraños. Estilos que nos son discordantes, repugnantes, que depredan nuestro sentido común. Y estilos, que, cuanto más los vemos, más nos gustan. De esos en los que la experiencia de los sentidos te dicta, si necesitas un corazón o te morirás.

¿Estás satisfecho con lo que has hecho con tu vida? Imagina que morirás mañana…

No, si la jueza llevará razón, encima: en una ciudad pequeña, de cada dos personas, una te odia y otra te quiere… Pufff. Aquello que fuimos, corazones de sapo, si acaso. 

13
Sep

Éxitos empresariales

Ni el amante más minucioso del mundo podría sucumbir de igual modo, las becarias reímos al final sin que se nos vea.

-En la miseria hay muy poco dinero- comentó antes de despedirme, todopoderoso. Lo hizo después de que no aceptase bailar para ellos.

–Si bailas aquí, bailarás donde sea– mencionó al abrigo de una buena botella de bourbon y un caprichoso reloj que me puso delante de mis narices, desvistiéndose y a punto de caramelo.

Pero sí, siempre es lo mismo, tal y como voy experimentando. –Los ojos nunca cambian-. Me fijo en ellos toda vez que puedo; a decir verdad, siempre.

El día de mañana deberá reconducir su empresa, y sus días. O traspasa su mayoría accionarial o la perderá para siempre, ellos, marido y su querida mujer, y todos sus extraños agasajos, que soy yo quien les tiene pillados. ¡Ya lo creo! ¡Pero que bien!, nada me va a ser suficiente.

-Este es mi espacio, y ése es el tuyo- me señaló su mujer, dispuesta y picajosa, con su vestidito de dulcísimos tirantes cuando la usó para vilipendiarme más, señalándome la puerta de salida de su edificio.

Pero para una becaria en ciernes, no hay mayor lección ni territorio que saber que todos tenemos algo que perder, es lo que les cuesta aceptar a esas clases; ya irán madurando, van por buen camino. Todo a su debido tiempo.

–Las hazañas por sí solas no valen si no sirven a un fin mayor– les explicaré, cuando proceda. Una madre no se rinde si su hijo vive, ellos echaron a la mía, que les limpiaba su propia casa. Aquel día, que supo ver. Sí. ¡Mi propia madre! Le preguntaré qué quiere que haga con esas conversaciones tan insinuantes, hoy en día todo se copia. Antaño, mi madre no pudo ni despedirse de los niños: ni la dejaron cambiarse de ropa, salió con el mandil.

Podré soportar este paraíso. Ahora sí que voy a ser la generación soporte, como me decía mi profesor de Económicas; aunque que quién sabe, algo se traía entre manos. 

6
Sep

¡Mujeres!

Puede que al final sea la persona más egoísta y de cuyos días y protocolos de conducta nada haya que aprender, si bien, cuesta creer que nos resulte inquietante su quehacer a tan corta edad: la hija de puta está leyendo. Algunos, ya mutarían de compulsión solo de verla, no la querrían como amiga, incluso de hija si me apuran, que las hay.

Imagino que hasta pudiera tener colmillos de lobo por solvente y ecuánime que parece la puta niña. La madre, digamos que tampoco se vanagloria o escurre, lo mismo ha sido ella quien le ha comprado ese libro, o ni es un libro como tal, sino un cúmulo de acertijos o pasatiempos, pero está en sus tiempos… juntas. Y la madre es madre: otra de esas mentiras que se cuentan para avanzar.

Seguro que también la habrá puesto a entretenerse, o al menos intentado, con un sonajero y una muñeca o pelotita, no tiene por qué no, o dados rotos. Tratándose de una madre y su niña todo es posible: son.

Y luego dicen que la ley es lo único que nos hace a todos iguales.

También serviría escribirse palabras con las yemas de los dedos en la espalda o en los brazos (por donde más sensibles son), siempre que no se mire y hagan trampas, obligándose a adivinar lo palpado… El papel no es lo único que lo admite todo. ¡Pero qué pena!, los grandes símbolos son grandes blancos por extraño que parezca.  

Ojalá que ese vagón les deje lo más cerca de donde quieran estar, madre e hija, lo mismo ya han conocido casi todos los infiernos que este mundo habitan. Sí, las ciencias modernas y las políticas imperiales nos han robado muchos milagros…

¡Si no fuera por las Mujeres! Ni con ellas ni sin ellas, ¡qué hijas de puta!

30
Ago

Escapar del Estado

La ciudad estaba sitiada, toda esa manzana suya era un fortín contra el fin. Sobre todo, a esa hora: la hora de la estrella, del disimulo y de la sinceridad. Donde con esos cuentos reunidos no terminaba de aprender a ser feliz.

Quinientos treinta y tres días llevaba esperando la hijita, y cuando el final se acercaba más se lo creía. Entendía que todo era una prueba, un manual de remedios a su ansiedad. Por buena estaba sola, su madre y sus hermanas estaban en otro gabinete, siete pasos antes.

El cuento de la hormiga no valía. Quería ver entrar a su padre de una vez por todas, cual nostalgia del absoluto. Ni cumpleaños ni nada que la coronase, estaba en su arte de callar; extrañamente esperando. Pero sí, una de las diez posibles razones para la tristeza del pensamiento era cierta.

La decadencia de la mentira era esa.

23
Ago

Se dejó llevar, sí

La especulación inmobiliaria, senderos, nidos de araña, correspondencias, antepasados, el mundo escrito y no escrito, todo cabía en la biografía del silencio. Pretendía la invención del cuerpo: reunirse junto a la mesa en un lugar privilegiado; estaba harta de amores difíciles, del sol del jaguar y todo lo cósmico: promesas. Punto y aparte tocaba. Y fue a ver el prefacio…

Lo vio de fábula en la sinrazón. Encajó dentro de sus seis propuestas para ese nuevo milenio sin él.

En la ciudad no todo era invisible. Ni vizconde ni barón u hombrecillo era, sino un caballero inexistente. Si una noche de invierno la coleccionó, ella lo iba a poner fuera de su hechizo. Sol de muerte pasó a tener en tanto mundo aparente. Extrañó ira y tiempo perdido, fue su sentido primero de la palabra. Cualquier cosa menos las teorías del amor en el mundo árabe medieval. 

Nunca fue alguien.

16
Ago

Un manifestante

Silencio y tensión fue lo único que se dijeron al conocerse. Náufragos sin isla. Él llevaba una poesía muy propia para el jardín, más no pudo pues rápido bebió liviano el veneno de sus piernas al verla remediar su propia historia, en silencio, solo silencio; con los olvidos compartidos, bajo ese arte de serle egoísta, guardándose y cerrando la boca.

De su propia ingravidez se quedó con la última nota que llevaba escrita en la boca: las modas son pasajeras, y la moda es eterna.

Del dolor y la razón no tuvo tal lámpara verde, sufrió de una primavera nórdica por ese exceso de buen tiempo junto a ella. Era hasta la Puerta del Mar. No la incomodó en su danza de realidad; se quedó prendado del enigma de la luz, que hasta a las simientes enterradas hizo despertar viendo tal marca de agua.

La lámpara extraña, título libertino.

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