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27
Sep

Y lejos de eso… lugares como Florencia

 Sitios que bien podrían ser el faro del fin del mundo, lugares donde uno se aleja de las reglas del tiempo y atiende a otras lealtades que huelen a sencillez y a humanidad, ante lo insólito de la situación… porque por más sonajeros, encierros, herraduras, alarmas, turistas y candiles que nos pongamos o con los que nos crucemos, el lugar es como para pegarse un tiro.

Ese mundo latente se asoma sin engendros desde la Roma, pasando por el Renacimiento hasta las edades modernas, desde luego con evidentes aciertos. Es, por tanto, una realidad discreta, oculta, lista y desvelada que da que pensar, no solo ver. Ahora, como entonces, no sé si podríamos crear así de bien. ¿Acaso es que no nos impregnan tanto las efusiones carnales?…

Merodeo, visito, engarzo situaciones, me ajetreo en según qué circunstancias y salen esos pulsos profundos, bien logrados y mejor definidos. La fuerza irrefrenable te lleva a querer verlo todo sistemáticamente… Y lo del silencio… lo del silencio es igualmente cierto: en este lugar existe una canción para los vivos y otra para los muertos. Quizás sea lo más propio del lugar, y lo que infunde más respeto, desamparo y abandono.

La próxima vez tengo que venir acompañado, tanto matiz, tanta riqueza, te deja solo y te otorga una personalidad rara, muy marcada: maquiavélica y florentina; supongo que con ese hacer bondadoso del compartir afectos y fraternidad, todos estos cánones que otros idearon calan mejor al alzar los ojos ante la inmensidad, una tras otra, provocando ese vacío que pide a gritos.

Sin duda, seguiré abusando de este lugar privilegiado y dinástico aunque lo vea todo del revés, pues los fantasmas a uno siempre le persiguen por aquello del trágico realismo. De ahí que me sienta un oso y no un niño, pero un oso bueno, al menos… con un pie en el paraíso. ¿Cuántos habrá como este me pregunto? como parte de todo ese extrañamiento, plagado de todo ese sentido del tiempo que atenaza y turba como si fuera contando nubes y más nubes, sumido en laberínticos paseos bajo la realidad, la alucinación y el sueño.

Porque lo de soñar, sigue siendo mi epidemia y mi albor. Quizás ella esté aquí, lo mismo es que un día vino y ya nunca llegó a recuperarse completamente, quedando en tal apogeo… Aún es de día, me creo, y miro de soslayo mi musa. En casa, la sombra del ciprés es alargada, el campanario siempre suena igual. Viento sur hace, el perfecto para un viajero emigrante, las basílicas y galerías. Y hojas rojas veo por esos mundos. ¡Hasta los árboles son refugio! Dan norte, a todos los sueños y cuerpos cincelados.

Ufff… apenas unos días que llevo, y ya lo siento como un año en mis vidas. ¡Qué guerras disputaban nuestros antepasados! Yo querría ser uno de esos príncipes destronados.

«El mundo que agoniza«, dicen los que no tienen madera de héroe como los de antaño, o los banqueros que no saben gestionar todos los parabienes. ¡Anda que no estamos despersonalizados! amorfos y sumisos. ¡Cuánta estrechez, abandono y miseria! Y qué bonito es esto, todavía me siento como un niño, muy lejos aún del nunca o nada, del todo o siempre, amigo de su propio oso. ¡Será Florencia!, ¡será el renacer!

A la metrópolis le sobra toda la masificación para poder abordar de mejor modo los reductos de integridad y autenticidad mágicamente, que los hay, tantos como muertes y resurrecciones, censuras y aquellos sentidos del progreso tan dignos como vapuleados. Tal vez sea el tráfico, las intransigencias o los pensamientos negativos lo que a uno le hace preferir salir escopeteado, que albergar más y más. O que no sé musitar más de lo razonable, expresarme, cambiar mi mente y mi vida, entumecido y necesitado de dosis de fantasías. Los monstruos y los fantasmas son reales: viven dentro de nosotros por aquí, y a veces ellos ganan. Sí, y los creyentes con una mano rezan y con la otra pecan. Primero las sonrisas, luego las mentiras, por último los trompicones. He matado a la mayoría de los malos, también a alguno de los buenos. Estorban. Sabía que iba a ser laborioso.

¿O será el reflejo de lo que uno quiere y no puede? No soy un santo inocente, ni los que aquí perecieron, y crecieron. Hay besos que se dan con la mirada, otros de memoria.

¿Quién sabe si tendré una gripe incontrolable entre tanta belleza y me quede? Florencia es la epidemia de la primavera al albor del otoño: duele todo, gusta todo. Lo mismo hasta lloro de dolor al intentar huir: parece imposible volver atrás. Necesitaría volverme de hielo, imaginar e idealizar la rutina diaria.

20
Sep

Imagina que morirás mañana

Hay estilos de vida que no aprobaríamos. Estilos que no hemos ni probado a llevar por cercanos o extraños. Estilos que nos son discordantes, repugnantes, que depredan nuestro sentido común. Y estilos, que, cuanto más los vemos, más nos gustan. De esos en los que la experiencia de los sentidos te dicta, si necesitas un corazón o te morirás.

¿Estás satisfecho con lo que has hecho con tu vida? Imagina que morirás mañana

No, si la jueza llevará razón, encima: en una ciudad pequeña, de cada dos personas, una te odia y otra te quiere… Pufff. Aquello que fuimos, corazones de sapo, si acaso. 

13
Sep

Éxitos empresariales

Ni el amante más minucioso del mundo podría sucumbir de igual modo, las becarias reímos al final sin que se nos vea.

-En la miseria hay muy poco dinero- comentó antes de despedirme, todopoderoso. Lo hizo después de que no aceptase bailar para ellos.

Si bailas aquí, bailarás donde sea– mencionó al abrigo de una buena botella de bourbon y un caprichoso reloj que me puso delante de mis narices, desvistiéndose y a punto de caramelo.

Pero sí, siempre es lo mismo, tal y como voy experimentando. –Los ojos nunca cambian-. Me fijo en ellos toda vez que puedo; a decir verdad, siempre.

El día de mañana deberá reconducir su empresa, y sus días. O traspasa su mayoría accionarial o la perderá para siempre, ellos, marido y su querida mujer, y todos sus extraños agasajos, que soy yo quien les tiene pillados. ¡Ya lo creo! ¡Pero que bien!, nada me va a ser suficiente.

-Este es mi espacio, y ése es el tuyo- me señaló su mujer, dispuesta y picajosa, con su vestidito de dulcísimos tirantes cuando la usó para vilipendiarme más, señalándome la puerta de salida de su edificio.

Pero para una becaria en ciernes, no hay mayor lección ni territorio que saber que todos tenemos algo que perder, es lo que les cuesta aceptar a esas clases; ya irán madurando, van por buen camino. Todo a su debido tiempo.

Las hazañas por sí solas no valen si no sirven a un fin mayor– les explicaré, cuando proceda. Una madre no se rinde si su hijo vive, ellos echaron a la mía, que les limpiaba su propia casa. Aquel día, que supo ver. Sí. ¡Mi propia madre! Le preguntaré qué quiere que haga con esas conversaciones tan insinuantes, hoy en día todo se copia. Antaño, mi madre no pudo ni despedirse de los niños: ni la dejaron cambiarse de ropa, salió con el mandil.

Podré soportar este paraíso. Ahora sí que voy a ser la generación soporte, como me decía mi profesor de Económicas; aunque que quién sabe, algo se traía entre manos. 

6
Sep

¡Mujeres!

Puede que al final sea la persona más egoísta y de cuyos días y protocolos de conducta nada haya que aprender, si bien, cuesta creer que nos resulte inquietante su quehacer a tan corta edad: la hija de puta está leyendo. Algunos, ya mutarían de compulsión solo de verla, no la querrían como amiga, incluso de hija si me apuran, que las hay.

Imagino que hasta pudiera tener colmillos de lobo por solvente y ecuánime que parece la puta niña. La madre, digamos que tampoco se vanagloria o escurre, lo mismo ha sido ella quien le ha comprado ese libro, o ni es un libro como tal, sino un cúmulo de acertijos o pasatiempos, pero está en sus tiempos… juntas. Y la madre es madre: otra de esas mentiras que se cuentan para avanzar.

Seguro que también la habrá puesto a entretenerse, o al menos intentado, con un sonajero y una muñeca o pelotita, no tiene por qué no, o dados rotos. Tratándose de una madre y su niña todo es posible: son.

Y luego dicen que la ley es lo único que nos hace a todos iguales.

También serviría escribirse palabras con las yemas de los dedos en la espalda o en los brazos (por donde más sensibles son), siempre que no se mire y hagan trampas, obligándose a adivinar lo palpado… El papel no es lo único que lo admite todo. ¡Pero qué pena!, los grandes símbolos son grandes blancos por extraño que parezca.  

Ojalá que ese vagón les deje lo más cerca de donde quieran estar, madre e hija, lo mismo ya han conocido casi todos los infiernos que este mundo habitan. Sí, las ciencias modernas y las políticas imperiales nos han robado muchos milagros…

¡Si no fuera por las Mujeres! Ni con ellas ni sin ellas, ¡qué hijas de puta!

3
Sep

Muestra La Francotiradora de su Tía

La Francotiradora de su Tía (muestra)

PDF (de la Muestra), más detalles

muestra-la-francotiradora-de-su-tia

31
Ago

Ser escritor: en todas las ciudades de espejos

Hay días que ser escritor viene a ser como sufrir la muerte de las mil cuchillas sin enterarse, todo, por una permanencia en ese pacto de falsificadores con un pie en el paraíso y otro en el corazón de las nueve estancias.

Son temporadas salvajes creando oportunidades, con especulaciones de Judas sin más remedio que seguir y seguir por no volver a empezar con nuevas presencias reales, chacales, símbolos del éxtasis, lecciones de los maestros, fuegos, soles, fiscalidades voluntarias y responsabilidades sociales hasta desaparecer de uno mismo y tenerse, dado que a cada palabra toda historia comienza.

Como blanco de plomo, uno acondiciona y define todas esas marionetas siendo sin serlo, porque se puede ser la Reina de Suecia o el peor oro viejo con tal de aportar experiencias; no hay puertas para el infierno con tal de innovar y de estar allí, cambiando los órdenes de prioridades y sabiendo de las heridas del tiempo.

Caben hasta las perfectas educaciones.

La mujer de la escalera lo sabe, a veces me siente farfullar subiendo o bajando cuando voy bajo el celo de Dios con cinco meditaciones lo menos en tal mirada a mis universos.

Otras veces finjo ser un caballo, una burócrata o los pedales de una bicicleta y un sinfín de palabras que reúno en mis manos, pero lo mejor son los años ligeros cuales milagros prohibidos, que no deja de ser el peor de los enemigos, desgarrado y atado.

Hijo de todos, uno que indaga en su oscuro camino hacia la misericordia escucha, observa, serpentea en la luna y las minas… en busca de silencio. Es meditación y el viaje del duelo: otro arte de vivir en la ciudad.

Como las mil cuchillas, resuenan las bandas sonoras, los secretos de quienes se hablan y no creen ser vistos, las dulces historias de las mariposas y las libélulas, rituales y circunstancias casuales, las muchas vidas de repuesto, gentes con pistola, manos izquierdas, sangres, tuberías, peces de colores y todos los azules marinos.

En las tintas, no hay vidas de animales salvajes, todos somos semejantes, aunque ninguna mujer se parece.

La modelo descalza que parece acabada puede ser un caballo negro, un testigo de reputación, habitar a un rey loco diciéndole lo hermoso de morir juntos y jalear todas las suertes malditas.

Cada noche, en cada baile, el escritor fundamenta sus llaves de alquimista relatándose un libro largo de cuentos cortos, y salen los misterios de cuadros robados, indignaciones compartidas, los oídos atentos a los pájaros, tiranos del blues, calabozos y tiempos de hielo entre otros. Todo, por darse su merecido.

¿Cuántas veces se ha preguntado un escritor cómo funciona el sistema?, ¿cuántas veces se ha reformulado mil delitos?, ¿cuántas veces ha alquilado un descapotable?, ¿conspirado?, ¿o sentido dolores que unen?… por meros detalles, tatuajes más o menos sexis, risas, heroicidades de los jefes de manadas como piratas bien educados y pesadillas favoritas.

Sí, el gremio secreto de los libros tiene esas conexiones con las confesiones. Todos somos piratas. Es la misa negra del peso del mundo, la salvaje delicadeza que realza a los comisarios, pero solo amanece en esa tierra más amable que el hogar si estás dispuesto a ese veredicto impuesto. Un mero paseo puede llegar a suponer tal que siete años de abundancias y riquezas. Es un gran frío de experiencias y curiosidades, tratamientos: la otra piel.

Mirarse.

Araña, cisne, caballo, bajo ese paraguas uno es reo y palabras heridas de un bucanero y todos los más allá de las tinieblas. Nieve verde si acaso. Y mentiras aceptadas con todos los matices cuando el olfato participa. Realmente el beso del diablo: fiebre.

Somos los que vemos las primeras veces de dos o más que no se quieren en realidad. Recados, castigos para los buenos, caballeros fantasmas y los hilos enrevesados como confianzas totales. Zorros que están en boca de todos y nadie.

Cuentos populares de la madre muerta, mediterráneos, leyendas y pausas de las buenas. La nieve por tres veces… y faros por dentro.

Por más preparado para todo que uno salga, cuando la tierra se vuelve de plata el ritmo normal de los cuerpos gritan los imposibles y actúan como esa segunda piel recibiendo momentos, sabores, colinas, hombres sin cabeza y un complejo de eslabones que ponen de nuevo la luz de los focos hasta las tantas de la madrugada… por tiempo limitado consideré en los comienzos…

Y no.

Una sanguijuela roja a las cuarenta y ocho horas, suelta y se da a sus reflejos, no a otros, pero los ecos de tantas trampas, postales, vidas, chantajistas, seres pelirrojos y electricidades, dejan a mis ojos como espías mezclándolo todo y a todos.

Ojos negros, de ejército furioso y capitanías varias, de policía descalzo y de triturador de huesos, de paciente cero y de un hijo de puta retorcido; muy retorcido cuando la cosa quiere.

¿Qué pasa en tu cabeza?, preguntaría alguien, creyendo ver a un chimpancé en el lago de mis pupilas. O ¿por qué hay todo y no hay nada en tal nulidad? Más de repente llaman a la puerta, y… la piedra de la paciencia lo cree saber todo. Vuelve la muerte blanca, fluyen las conspiraciones, se sienten nudos por los amantes y sus infamias, hasta se venden a los amigos y se ensayan cartas a Poseidón. 

Es el mal del pasear, donde mejor canta un pájaro y escribe un escritor. ¿Y luego qué, porque las ansias carnívoras de la nada siguen y siguen con sus retahílas?… Ni los loros de siete lenguas acallarían los ritmos lentos, guerras de mujeres, urnas sangrientas, fragmentos de interior, arenas movedizas, ataduras y visillos: sueños. El libertino de calidad es el peor de los dragones: muere en la rectoría, cual asesino en escena. Ni una dirección equivocada le detiene. Tanto pequeño zoológico es un caso perdido: el más bello amor. Eso no ayuda, no, pero son clientes asiduos con los que desvalijarse. Tiempos de clásicos presentes. Otra vuelta de tuerca. Una ínsula de cuentos de prosa y verso: espejos de almas simples. ¡Sí!

El dulce veneno del jazz diario y los cielos repletos de tangos, ¡y que se levanten los muertos!

Huye rápido, vete lejos… a un lugar incierto, las cosas pasan: todo lo que tengo lo llevo conmigo. 

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