Tag: Pebeltor

30
Ago

Escapar del Estado

La ciudad estaba sitiada, toda esa manzana suya era un fortín contra el fin. Sobre todo, a esa hora: la hora de la estrella, del disimulo y de la sinceridad. Donde con esos cuentos reunidos no terminaba de aprender a ser feliz.

Quinientos treinta y tres días llevaba esperando la hijita, y cuando el final se acercaba más se lo creía. Entendía que todo era una prueba, un manual de remedios a su ansiedad. Por buena estaba sola, su madre y sus hermanas estaban en otro gabinete, siete pasos antes.

El cuento de la hormiga no valía. Quería ver entrar a su padre de una vez por todas, cual nostalgia del absoluto. Ni cumpleaños ni nada que la coronase, estaba en su arte de callar; extrañamente esperando. Pero sí, una de las diez posibles razones para la tristeza del pensamiento era cierta.

La decadencia de la mentira era esa.

23
Ago

Se dejó llevar, sí

La especulación inmobiliaria, senderos, nidos de araña, correspondencias, antepasados, el mundo escrito y no escrito, todo cabía en la biografía del silencio. Pretendía la invención del cuerpo: reunirse junto a la mesa en un lugar privilegiado; estaba harta de amores difíciles, del sol del jaguar y todo lo cósmico: promesas. Punto y aparte tocabaY fue a ver el prefacio…

Lo vio de fábula en la sinrazón. Encajó dentro de sus seis propuestas para ese nuevo milenio sin él.

En la ciudad no todo era invisible. Ni vizconde ni barón u hombrecillo era, sino un caballero inexistente. Si una noche de invierno la coleccionó, ella lo iba a poner fuera de su hechizo. Sol de muerte pasó a tener en tanto mundo aparente. Extrañó ira y tiempo perdido, fue su sentido primero de la palabra. Cualquier cosa menos las teorías del amor en el mundo árabe medieval. 

Nunca fue alguien.

16
Ago

Un manifestante

Silencio y tensión fue lo único que se dijeron al conocerse. Náufragos sin isla. Él llevaba una poesía muy propia para el jardín, más no pudo pues rápido bebió liviano el veneno de sus piernas al verla remediar su propia historia, en silencio, solo silencio; con los olvidos compartidos, bajo ese arte de serle egoísta, guardándose y cerrando la boca.

De su propia ingravidez se quedó con la última nota que llevaba escrita en la boca: las modas son pasajeras, y la moda es eterna.

Del dolor y la razón no tuvo tal lámpara verde, sufrió de una primavera nórdica por ese exceso de buen tiempo junto a ella. Era hasta la Puerta del Mar. No la incomodó en su danza de realidad; se quedó prendado del enigma de la luz, que hasta a las simientes enterradas hizo despertar viendo tal marca de agua.

La lámpara extraña, título libertino.

9
Ago

Ser escritor: Otro escritor equivocado, otro que escribe.

Ser escritor no sale espontáneamente, a pesar de que algunos tengan la mejor idea del Universo. No es mi caso. Ser escritor hoy, porque desde hace unos años lo soy (PEBELTOR), formalmente, y esos años no son tantos comparados con lo que la ciencia y las relaciones nos van indicando, es poder modificar la vida, porque nadie sabe qué ocurre cuando cierro la puerta de mi casa.

Unas veces tengo instantes decisivos, otros soy regio, están las alegorías de tiempos pasados, gente corriente, trifulcas, paraísos olvidados e ideas que no se matan, porque un escritor escribe. Sí, como escritor lo hago, aunque me estén picando un sinfín de escorpiones.

Y se hace, también, cuando te persiguen los inviernos o existe esa presión bien parecida a la que tienen las mujeres cuando no son madres y están en edad de merecer. Las letras son parte de esa mercancía defectuosa que uno puede llegar a sentir por sí mismo o por otros.

Son palabras que no mojan sino que enjugan, y son puñetazos. Hoy, ser escritor no es formar parte de una estipe, se ha popularizado tanto que no se sabe lo que es íntimamente vital, en ciertos casos; quizás, porque se ha desentendido la palabra del otro eslabón de la cadena: la lectura.

Decía que escribir modifica la vida, pero con los ojos en un punto perdido de cualquier calle u otro lugar, sueño o recoveco.

Es la lucidez de la locura, sentimientos.

La importancia social podría orientarse a rodearse de rutinas y hacer flotar los aires con mil giros, dando con las contorsiones que no nos desmerezcan, a, quienes somos escritores. O bien, enfocarlo en función de las ventas de los libros.

Brújulas, cifras, que son o debieran ser dinero y psicología, no obstante, el sesgo presente, el anclaje, la subjetividad es toda esa empatía que cada cual reúne la transforma en entusiasmo emocional, para sencillamente seguir escribiendo, porque un escritor escribe. Es la soledad del autor: volverse sombra.

Horas sumergidas que son vida y obra; así es PEBELTOR, donde se constata la perdurabilidad de todas esas cumbres borrascosas y las voces acaecidas de contralto, casi etéreas a veces, conformando esa balconada de cristal desde la cual relatar.

Es más, parece que llego a acostumbrarme a que todo sea un valor oculto. Uno aprende, y mucho, observando, diciendo, siendo… Y tal vez represente una parte no significativa de la capitalización de muchos, ahora bien, es un trabajo que no acaba en uno mismo. Es tal el incendio invisible que no hay suplicios, ni manuales para triunfar en las nuevas eras.

Como escritor, uno escribe las frases que suele decir la gente, lo que piensan, lo que sueñan, asomándose a los bordes del mundo.

La escritura es el hermano sin esperanza de la palabra, porque la pone en evidencia. Somos seres biológicos y tenemos afectos que se ponen en funcionamiento ante determinados estímulos, no nos engañemos.

9
Ago

Lluvia roja

No era gente de esas, de historias de alcobas, sí era un fanático a pesar de su temperamento filosófico. ´Lluvia roja´ era la palabra que usaba como seguridad. Eso bajaba los humos a cualquiera. Era maestro y mago, hasta que el rey se inclinó y los mató.

Fue su Venus, desde la sombra llameante; en ese hotel nómada, con su amor y los sentimientos desordenados. Nadie se quedaba con ganas en aquel lugar. Ellas colaboraban con el valor de ser mujer. No eran de tomar limonada o agua mineral, su poesía del pensamiento las obligaba a beber todo lo concentrado. Eran VIP: gramáticas de la creación… por tiempo limitado. Hambre y seda.

Más la fama y la bondad insensata de la vida secreta de esos edificios, sumado al manual de aquel dictador hizo que el destino de los caballeritos blancos ya fuera otro. Pero como si no fuera testigo todo se quedará en ese libro de los secretos, con sus fragancias y sus trampas. Un pesar de patria, pura extrañeza. Y fanatismo. ¡Está hecho! La herida es demasiado grande y nada. Resulta difícil probar que no sabía nada de cómo se gestó la maldita lluvia roja. Las víctimas siempre son las mismas, y se ciñen a la búsqueda compartida; mismos temperamentos, mismas filosofías… bajo dos banderas, dos escaleras. No hay más cárcel que los ojos vacíos: actos obscenos en lugares privados, también.

Cuentos, quedará en eso, para cualquier ladrón de recuerdos. ´Lluvia roja´, diría.

 

2
Ago

Excesiva frecuencia

Nadie nace siendo malo, pero mientras él siga en libertad ni su alma ni la mía podrán encontrar descanso; le consideran presunto inocente los sabuesos. Tanta garantía de derechos dan grima. El asesino está aquí, entre nosotros. Sí. Un maldito depósito bancario fue el tren de su cordura. Un fastidio.

Quizás nos han decepcionado ya demasiadas veces”, le digo a mi mujer. Ella sabe que el mundo no funciona porque todos lo sepan todo, no es tonta. A su modo me apoya. El equilibrio del mundo se regula con la alimentación, y cuando el perdón no llega es tiempo para la venganza. Ya tengo mi alimento y mi licencia de armas. Sí, cuando una puerta se cierra otra se abre. Para un policía, la maldad es lo que no tiene explicación; para un ciudadano mandan las entrañas.  En un mundo en el que nos preocupamos por la segunda vida del plástico hay otros muros invisibles que debemos romper, mucho antes. 

Diferentes pero iguales, ¡a ese hijo de puta ya le dicho que rece a Santa Marta y que vaya haciendo fieles en el asilo! Mi estómago me dicta lo que soySu cascabel ya no suena, no salta. Está en su sillita, y vivimos en un distrito protegido, ahora bien, la perdurabilidad y el condicionamiento de su cara jamás la olvidaré. Por sutil, misteriosa y seductora que pueda llegar a ser, mi hija nunca volverá a tener sus dos piernas con aquella excesiva frecuencia, siempre las extrañará y extrañaré.

 

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