Blog

30
Ago

Escapar del Estado

La ciudad estaba sitiada, toda esa manzana suya era un fortín contra el fin. Sobre todo, a esa hora: la hora de la estrella, del disimulo y de la sinceridad. Donde con esos cuentos reunidos no terminaba de aprender a ser feliz.

Quinientos treinta y tres días llevaba esperando la hijita, y cuando el final se acercaba más se lo creía. Entendía que todo era una prueba, un manual de remedios a su ansiedad. Por buena estaba sola, su madre y sus hermanas estaban en otro gabinete, siete pasos antes.

El cuento de la hormiga no valía. Quería ver entrar a su padre de una vez por todas, cual nostalgia del absoluto. Ni cumpleaños ni nada que la coronase, estaba en su arte de callar; extrañamente esperando. Pero sí, una de las diez posibles razones para la tristeza del pensamiento era cierta.

La decadencia de la mentira era esa.

28
Ago

Poesias donde sentir distinto

Cuando los dioses escriben el libro de destino es lo de siempre. Escuchan las medias vidas, saben de los álbumes de fotos, traducen, saben lo que soñamos la última noche, cerca y lejos de nuestra tierra, actúan; conocen a las niñas que saben hablar con las muñecas, los legados, etc. Pero son carceleros del arte de decir adiós.

Donde las mujeres y otros son reyes, es en la furia ámbar, pues en la lógica cotidiana de la felicidad no se puede desperdiciar nada, quien más quien menos necesita redibujar su mundo en la intimidad de cada cual, vigilante, sin hogar ni lugar, girando al mayor de los secretos con ojos en la nuca, lo más indecible posible, y presentar su verdadera elegancia, sus poesías.

Poesías que de entrada son aglomeraciones, verdades que no sirven. Van de quiénes somos, o de pretender saber lo que se siente al recibir un beso estando vestidas/os en plan carnavalesco, por lo pretencioso más que nada. Un encomiable retrato de la estupidez.

En cambio, luego están las rara avis, las poesías de la vida real. De esos que creen no hacerlo. Padres o madres con seis hijos algunos. Sin caer en lo rancio, gentes que emanan otras tradiciones. Más en lo atemporal e independiente de las modas y tendencias, es más fácil hablar a través de las fotografías, de esas que pensamos mejor no mostrar, y que van en condicional. ¿Y el resultado cuál es? Sentir distinto.

Para ser honesto, nunca pensé que pervivirían tantos anhelos, solo que cada una tiene su historia. Surgieron cuando buscaba algo más especial. Y todavía me tienen esposado; reconozco que a veces son difíciles, aún se confabulan y evolucionan sin estar de parte de nadie. Plenas turbulencias… me miro las manos y ni siquiera recuerdo haberlas escrito. Se zarandean. Y mi estómago protesta, hace piruetas. ¿No les han contado nada de mí? Anhelo, más allá del mar son algunas.

Giran el tiempo justo para disuadirme, una de las cosas más raras que se pueden hacer en la vida. Ojos que hacen más y más preguntas. Pitidos urgentes, callados de tantas cosas donde recoger los trozos de secretos cuando cuesta decidir, uniformados para no ser pizpiretas con palabras rigurosamente contrapuestas.

Pero la verdad es que uno se da la vuelta y vuelven a despegar, como los collares de perlas, otros secretos que voy engarzando, para cuando llegue el viejo momento de idear otro traje, formal, y ponerme de puntillas para verlas crecer… hasta entonces, miedo dan, mejor que sean cosas imprevistas, como si nada, tales que fotos descoloridas. Punto final, por nada: horda de posibles. Penitenciarías. ¿Se puede fingir que el pasado no ha existido?, ¿odiarse sin ser uno mismo? ¿Quiénes somos en realidad?

Las leyes son los único que nos hacen a todos iguales, junto a las poesías que no se dicen sentir, que todos las miramos de refilón para ampararnos sin ser vistos.

23
Ago

Se dejó llevar, sí

La especulación inmobiliaria, senderos, nidos de araña, correspondencias, antepasados, el mundo escrito y no escrito, todo cabía en la biografía del silencio. Pretendía la invención del cuerpo: reunirse junto a la mesa en un lugar privilegiado; estaba harta de amores difíciles, del sol del jaguar y todo lo cósmico: promesas. Punto y aparte tocabaY fue a ver el prefacio…

Lo vio de fábula en la sinrazón. Encajó dentro de sus seis propuestas para ese nuevo milenio sin él.

En la ciudad no todo era invisible. Ni vizconde ni barón u hombrecillo era, sino un caballero inexistente. Si una noche de invierno la coleccionó, ella lo iba a poner fuera de su hechizo. Sol de muerte pasó a tener en tanto mundo aparente. Extrañó ira y tiempo perdido, fue su sentido primero de la palabra. Cualquier cosa menos las teorías del amor en el mundo árabe medieval. 

Nunca fue alguien.

16
Ago

Un manifestante

Silencio y tensión fue lo único que se dijeron al conocerse. Náufragos sin isla. Él llevaba una poesía muy propia para el jardín, más no pudo pues rápido bebió liviano el veneno de sus piernas al verla remediar su propia historia, en silencio, solo silencio; con los olvidos compartidos, bajo ese arte de serle egoísta, guardándose y cerrando la boca.

De su propia ingravidez se quedó con la última nota que llevaba escrita en la boca: las modas son pasajeras, y la moda es eterna.

Del dolor y la razón no tuvo tal lámpara verde, sufrió de una primavera nórdica por ese exceso de buen tiempo junto a ella. Era hasta la Puerta del Mar. No la incomodó en su danza de realidad; se quedó prendado del enigma de la luz, que hasta a las simientes enterradas hizo despertar viendo tal marca de agua.

La lámpara extraña, título libertino.

10
Ago

Novelas donde saber perderse

Mi primera novela no fue el sueño más grande que tuve. Buscaba voces que me hablasen de la cotidianidad, sin que nadie me mirase por encima del hombro. Empecé con breves aproximaciones, más bien todo fue una especie de poder absoluto a modo de diario, que se repitió por tres veces: El libro de un cualquiera, Me columpio en el vacío y A las luces de abril.

Pero como no me podía leer, conformé de algún modo mis primeras novelas como tal. Fui uno y fui tres personas como poco. Tenía como oficio novelar y ser parte de la acción que se desarrollaba en mis letras.

Crucé océanos en tal involucración con El Chándal de la jubilación, Desconfianza Racional y Zanahorias para todos hasta concluir esa mi hoguera con un ejemplar denominado Desconfianza Racional. Otra vez hablaba de mí y conmigo.

Y como seguía pensando en lo que hacía viré a ese rol del Siempre hay algo que decir. Solo quería seguir la línea del tiempo.

Tiempo que me hizo ponerme en carne viva al publicar Buscadores de señales. Desde entonces las pausas ya no son lo mismo.

El verdadero valor del descanso apareció con Viento sobre el mar, eso sí que fue una mano tendida. Yo, como tantos, bebí el liviano veneno de haber nacido por primera vez hace tanto que ni siquiera lo sabía hasta que novelé tal silencio, solo silencio.

Para acabar náufrago sin isla en El Fin de la Infancia, que me deparó silencio y tensión. Es lo único en lo que me reconocía.

Lo mismo todas ellas, novelas, serán de las más vendidas. Tal vez hasta aquí pudiera considerarlo inicios, porque ni era el mejor ni el peor de los tiempos. León, brújula y armario fui con Dinero y mujeres, Billete de ida y Flores de plástico. Obras que no dejan de ser historias de dos ciudades bajo una misma piel, puesto que no quise dejar a nadie fuera, aun a sabiendas del peligro.

Todo un contagio global de sensaciones que necesité valorar mucho más lo nuestro, y pergeñé Las lágrimas de tu payaso. De tan pujante me sentí que entre lo real y lo ficticio derivé a Un cuadro en blanco.

Narraciones donde no había más ley que el movimiento, para quedarme en Deseos Humanos escandalosa y flagrantemente.

Y sigo con esas oscuras pasiones, sin aquel sueño grande. Todo el mundo tiene en su núcleo central una historia… quizás sea la actual: El día que llovió hacia arriba.

Jamás pudiera haberme imaginado tanto sin haber ido paso a paso, novela tras novela, siendo PEBELTOR. En todas ellas, los restos de uno y otro pueden entremezclarse.

Ni me arrepiento ni las destierro: son, soy, somos… Los niños aprenden cuando ven, los adultos cuando el castigo es efectivo, que no deja de ser el contrapunto adecuado con el realismo dominante en mis narraciones. Así pues, tienen donde saber perderse.

9
Ago

Ser escritor: Otro escritor equivocado, otro que escribe.

Ser escritor no sale espontáneamente, a pesar de que algunos tengan la mejor idea del Universo. No es mi caso. Ser escritor hoy, porque desde hace unos años lo soy (PEBELTOR), formalmente, y esos años no son tantos comparados con lo que la ciencia y las relaciones nos van indicando, es poder modificar la vida, porque nadie sabe qué ocurre cuando cierro la puerta de mi casa.

Unas veces tengo instantes decisivos, otros soy regio, están las alegorías de tiempos pasados, gente corriente, trifulcas, paraísos olvidados e ideas que no se matan, porque un escritor escribe. Sí, como escritor lo hago, aunque me estén picando un sinfín de escorpiones.

Y se hace, también, cuando te persiguen los inviernos o existe esa presión bien parecida a la que tienen las mujeres cuando no son madres y están en edad de merecer. Las letras son parte de esa mercancía defectuosa que uno puede llegar a sentir por sí mismo o por otros.

Son palabras que no mojan sino que enjugan, y son puñetazos. Hoy, ser escritor no es formar parte de una estipe, se ha popularizado tanto que no se sabe lo que es íntimamente vital, en ciertos casos; quizás, porque se ha desentendido la palabra del otro eslabón de la cadena: la lectura.

Decía que escribir modifica la vida, pero con los ojos en un punto perdido de cualquier calle u otro lugar, sueño o recoveco.

Es la lucidez de la locura, sentimientos.

La importancia social podría orientarse a rodearse de rutinas y hacer flotar los aires con mil giros, dando con las contorsiones que no nos desmerezcan, a, quienes somos escritores. O bien, enfocarlo en función de las ventas de los libros.

Brújulas, cifras, que son o debieran ser dinero y psicología, no obstante, el sesgo presente, el anclaje, la subjetividad es toda esa empatía que cada cual reúne la transforma en entusiasmo emocional, para sencillamente seguir escribiendo, porque un escritor escribe. Es la soledad del autor: volverse sombra.

Horas sumergidas que son vida y obra; así es PEBELTOR, donde se constata la perdurabilidad de todas esas cumbres borrascosas y las voces acaecidas de contralto, casi etéreas a veces, conformando esa balconada de cristal desde la cual relatar.

Es más, parece que llego a acostumbrarme a que todo sea un valor oculto. Uno aprende, y mucho, observando, diciendo, siendo… Y tal vez represente una parte no significativa de la capitalización de muchos, ahora bien, es un trabajo que no acaba en uno mismo. Es tal el incendio invisible que no hay suplicios, ni manuales para triunfar en las nuevas eras.

Como escritor, uno escribe las frases que suele decir la gente, lo que piensan, lo que sueñan, asomándose a los bordes del mundo.

La escritura es el hermano sin esperanza de la palabra, porque la pone en evidencia. Somos seres biológicos y tenemos afectos que se ponen en funcionamiento ante determinados estímulos, no nos engañemos.

Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra Política de cookies. Más información

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación, y ofrecer contenidos y publicidad de interés. Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra Política de cookies.

Cerrar