Extraños (Blog)

21
Jul

230 millones

Se trataba de descansar, de relajar el gesto. Esa y no otra era la única baza, y que surgiera de nuevo algo. De por sí a Marco le entraban náuseas. Algo le podía, si bien, había demasiado en juego como para echarse atrás. Dinero y lo que no era dinero.

Quien se entretuviese consigo mismo, con la pareja y con la bicicleta ganaría el bote. 230 millones, que deducidos los impuestos vendrían a ser 200 millones limpios de polvo y paja.

Hasta la fecha ningún imbécil lo había conseguido, rugiendo de dolor y derrumbándose de forma casi violenta al suelo pasados unos días.

Marco ya sentía un dolor punzante en la cabeza, y el suelo del garaje estaba bastante duro. Ella casi que lo estrangula con sus propias manos, que también lo pasaba espantosamente mal, apenas sonándole el móvil, aturdida como que mirando la nada, temblándole todo el cuerpo a punto de soltarle: “No puedo más, esto es suficiente”.

Dos policías uniformados los vigilaban, dos que lo habían visto todo. Dos que ya no atisbaban besos. Y eso que les habían llevado el premio como motivación, teniéndolo muy a mano. Y hasta un abogado de los de verdad para la firma. Y una ambulancia por si acaso.

Llevaban diecisiete años de intentos baldíos. Al primer vómito o graznido roto pasarían el bote a la edición dieciocho. Demasiado no era suficiente. Y la bicicleta parada, quieta. Solo ellos, sin planes, sin obligaciones.

14
Jul

La casa de al lado

La felicidad fugaz solo fue un baile. Se dejó llevar por eso del presumir de ir a sitios exóticos, lejanos. Y al final la medida del dinero la daba la necesidad que cada cual se creaba, amén de las básicas: salud, educación, comer, tener un techo y algo que ponerse.

Evité decirle que yo una vez estuve en uno de esos sitios, a priori lejanos, y casi que rocambolescos. Donde hasta la música sonaba mucho más bonita; música de todas. Incluida la de toda esa pobreza que no siempre queremos ver. Y a la vuelta me sentí vacío, por lleno. Y sí, recuerdo verla por la ventana, cada día. Una, pareciendo cientos… No desperdicié el tiempo viéndola, y hasta me vi a su lado, ayudándola en su propia espiral descendente, amaneciendo y trabajando. Y jamás tuve otro modo de localizarla que soñándola, hasta con la felicidad fugaz de un solo baile.

Yo no hice daño a mi hija, inspector. Eso es absurdo. No hay nada que pueda hacer respecto a la psiquiatra, eso sí. Quiso sonar jocosa. Su marido estaba de acuerdo. Nunca antes había tenido que llamar a la policía. Después de todo, vivían en la casa de al lado.  

7
Jul

Los negocios de siempre vivían un momento boyante

Como si hasta ahora lo hubiera mirado todo desde una perspectiva equivocada optó por tratar más con las personas. Las personas adecuadas. Se fue a un monasterio que no lo era del todo, él y su sombrero de ala negra y casi que por poco se levantó el cuello del abrigo.

Ella parecía delgada y frágil, aún no se había encarado tal día con nadie, siempre creyéndolo capaz de cometer cualquier estupidez.

Ese era el mismo lugar en el que en ocasiones se reunieron, tiempo atrás. Él y la ejecutiva publicitaria de altos vuelos. Si bien, no quiso que le arrebatase sus momentos, ni su lugar. O lo intentó. El del sombrero se aseguró de que ella entrara en el cielo a pesar de todo, cortándola en pedacitos.

El negocio vivía un momento boyante, y siempre hubo compañerismo. Por lo menos, una cosa buena sacó de todo ese sinsentido. No así del lugar, que se lo encontró en obras y no había Dios que descansase con tanto ruido, ni atravesando el recibidos a toda prisa y meterse en la celda con su camita y lo que iba quedando de una vela.

Eso sí, al ir a mear los albañiles siempre le ofrecían si gustaba de sus tentempiés, y de paso le decían que les echase una mano si se aburría o simplemente que les fuera mudando las cosas de sitio (algo a lo que accedió con tal de no estar pensando en sí mismo, y por no oírlos blasfemar cagándose en Dios y en su puta madre al verlo de la celda al comedor o al baño, y del baño o el comedor a la celda). Discrepancias lógicas, por otra parte. Y la moralidad problema, pero eso era otra cosa que no tocaba, hubiera o no economías de guerra.

Después sucedería lo del envenenamiento, y la anatomía del choque se igualaría claro está. 

30
Jun

Ahogar un grito en la garganta

Había encontrado el sitio donde ahogar un grito en la garganta. Tiempo atrás pegó brincos en la cama, persiguió a la gata bajo la cama y las cortinas, hizo círculos verdes, miró lo alto de la hierba, y hasta oyó susurros a su derecha.

No estaba en agrestes senderos, ni el pantalón se le enganchaba en la maleza o caminaba con cautela ni sospechaba de zumbidos que le salían de sí o del horno.

Había encontrado su sitio. Un mar gacho y apagado de silencio inmediato cuando lo precisaba. Donde dar pasos. Y en otros, de acelerarse y converger en los rugidos.

Todo, de forma impulsiva, escabulléndose.

El anillo reposaba sobre el fondo. El rubio oxigenado jamás le favoreció, ni el jodido pañuelo que lo tenía todo y no tenía nada, siempre cogido por la gravedad de la luz: hasta en la cuaresma de sangre.

23
Jun

Y luego el reverendo

Había cruzado la zona de juegos. Esa mañana el paseo en bici al bosque había resultado más estimulante y placentero que nunca. Aún recordaba con nitidez la última vez que le pasó lo mismo. Y los tenues chirridos a altas horas de la mañana debajo de los columpios para bebés.

Nicky, la que no era una gran aficionada al mar en otro día no muy cálido de principios de verano, y quien antes tuvo el cabello rizado y teñido de un cincelado caoba.

16
Jun

Su primer embarazo

Sucedió en un hotel, por la abundancia de sabios en el mundo seguramente, y esos triunfos agridulces de los días y los trabajos. Máxime, cuando en Ucrania guerreaban con armas obsoletas de Occidente, tratando de parar al imperio ruso, el menos ruso de todos los imperios, por cierto.

Un cordón policial rodeaba las inmediaciones del hotelito cuando de la impresión y los días calurosos sucedió todo. En esos días muchas personas llevaban la etiqueta de perezosas. Días de esos en los que las hojas de papel mecanografiadas podrían haberse escabullido por alguna ventana y echado a volar y nadie osaría a tratar de cogerlas, ni los de un par de sandalias viejas, camisetas sucias y máquinas de afeitar más que gastadas o sin usar.

A él no se le quedó una voz áspera y gutural nada más quedarse a gusto, paralizado por la impresión. A ella, que tardó lo suyo en asimilarlo, cuando apenas se enderezó le siguió un estrépito y un grito, para luego darse a mover la cabeza afirmativamente, como si necesitase creérselo, sonriendo de un modo extraño y tenso.

Ninguno tuvo ganas de que los otros chicos los miraran como a bichos extraños, ni de aguantar las incesantes bromas del que no paraba de comer chucherías. Lo dejaron estar pesadamente sobre ese taburete que el mismo se agenció tras vacilar unos instantes.

La reunión de alumnos y la herrumbrosa y abollada caja podían esperar. Y lo harían. Tocaba darse al olvido que más asustaba. Para el que no había vocablos. Tal vez por eso a ella le empezó a salir un moratón tenue en el lado izquierdo de la cara, que le disimularía el arañazo de esa misma mejilla.

Que a él le tironeasen de la camiseta ayudaba bien poco. O que el olor se volviese más intenso, casi que teñido de frío. Y que él fuera demasiado listo, demasiado sensible y que se distrajera con demasiada facilidad. El que de pronto pareció tan poco ilusionado por estar allí como todos los demás. Ese día llevaba una camiseta roja, para variar, quien gustaba de echar un trago de vez en cuando y de coleccionar cosas. Consolar a los demás tampoco es que fuera lo suyo.

Menos mal que el del féretro (cuyo único color era el azul de las venas) ya estaba bien muerto al entrar al hotel, que para ser su primer embarazo ya nunca más dormirían los que se habían saltado la hora de catequesis, o quizás solo ella, la que ni podía descruzar los dedos y coger el cuchillo de la mesita.

Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra Política de cookies. Más información

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación, y ofrecer contenidos y publicidad de interés. Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra Política de cookies.

Cerrar