Libros -entrada autor-

8
Abr

Billete de ida

Un lobo puede comprar el menosprecio y la mejor de las compañías, comprar, porque los aullidos son peticiones de auxilio y temeridades por su parte, así como deseos fugitivos por lo que la naturaleza le hizo, dejándolo a medias de todo, con una genética débil y un porte ostentoso. Como hombres, también sentimos lo que nos decimos, y no nos afecta lo que nos sucede, parece ser. No es por ser más que los lobos, es por ser precisamente menos –humanos-, al tener que vivir con el engaño y la bendición a flor de piel y cielo abierto. La obra Billete de ida viene a significar eso, un tratado sobre la voz de la supervivencia, tal que la llamada salvaje la crea uno mismo.

Y tan escasa e impía que cualquier desafío del destino pudiera acabar con ella. Matar, mentir, sería hacer casi todo, no cambiando la forma de ser por nadie. Es la frontera del lobo y la sociedad: su piedra de toque.

¿Entonces, no es la muerte el escándalo absoluto?, ¿se sobrevive?, ¿se compra la compañía, el menosprecio?, ¿se deja uno en manos de otros?… Templanza y más, para que todo cambie y todo siga igual. Esas tres o cinco tazas de café que pausan los temblores y te ensalzan en los contraespionajes.

4
Abr

Dinero y mujeres

Hay responsabilidades que son despedidas, que verbalizan malestar y que acallan debates internos, además, generan un espacio de unidad y un caos organizado. Habiendo tantas coaliciones, pocas resuelven conflictos, lo más, radicalidad, extremismos y el empobrecimiento de volver siempre a lo mismo: ambiciones diarias. De esos estrechos márgenes y el termómetro de los sinfines, trata Dinero y mujeres. Un eco firme, un rumor disuelto y un escándalo pleno de egos y desmanes varios que cierran la eternidad. Un cambio de todo, ¿o no?

Decir una cosa y hacer lo contrario, ¿por qué ese mal de todas las economías? Evidentemente, es la vacuna cultural de expandir los horizontes de lo posible, y la mosca cojonera que revolotea de puertas adentro.

Vivir en la exclusión, embargado por uno mismo, equivocándose de adversario inclusive, ¿regenera, cuida, protege? ¿Hasta qué punto se puede estar condicionado? Ese urbanismo que involucra, la edición reducida del ser y estar y de morder lo anónimo es la punta de lanza, el último recurso de los tiempos de la desesperanza… un helado que se toma sin ni enterarte, cucharada a cucharada.

15
Abr

El fin de la infancia

Con el paso del tiempo, los asideros también se desgastan, y hasta las que fueron las mejores arcillas vuelven a ser lodos, previo desmoronamiento. Ahora bien, toda filosofía tiene su invierno, por eso mismo esos cimientos son más vitales casi que cuando eran lo más parecido al férreo y endurecido mármol, vigorosos y aparentemente sin defectos. Es de esa deuda privada que todos tenemos y no siempre aceptamos, de lo que se trata en El fin de la infancia.

Y como cada oración precisa de su reflexión, por pequeña que sea, yo me pregunto entre tantos posos: ¿Es el valor de la caricia una extraña forma de vida?

En mi desobediencia inteligente, ya ni sé responderme, y eso que un día pude hacer creer que no tenía defectos, siendo ésa mi mayor atadura. Ni a miles de kilómetros de su mar dejo de sentir esa brisa, esa duda, esa tensión, ese círculo amoratado que me pide ayuda.

15
Abr

La francotiradora de su tía

La obra puede incluirse en la categoría de álbum ilustrado, o sea, un libro en el que el relato se cuenta a través de imágenes y textos. No en vano, son las historias ínfimas las más reales y las más preciadas por olvidadizas, las que se vuelven vidriosas, demoníacas y las que calan hondamente. La francotiradora de su tía es un vivo ejemplo de ello, porque nada de lo que se dice pierde actualidad, prueba de ello es que nadie se conforma con esos fenómenos adicionales en los que no siempre nos detenemos. Son significativos los mandatos, en forma de microrrelatos (más o menos extensos), los aforismos (sentencias o dichas), o esos cuentos que lo dicen todo y nada, con independencia de las obligaciones y quién los abogue.   

¿Merece la pena vivir tantos años? Sigo echando de menos una espada medieval, y a ese alguien que restalle lo que millares de personas sabemos y no siempre entendemos. Tendría un impacto muy importante en mí, y llegado el momento, por respeto: mataría… ¿Sería capaz?

15
Abr

Un desperdicio de virtudes

Podría empezar preguntando si el placer y la conciencia van unidos, pero antes convendría construirnos una fortaleza infernal. Dar cobijo a que otro robe tu libertad es Un desperdicio de virtudes, y no cabría mayor garantía que olvidar esas instantáneas de intimidad. Ahora bien, ¿se puede vivir sin cortinas?

Cuando la ciudad te cambia, y lo irreparable es pérdida, nadie avisa a una puta de que el Olimpo no existe. ¿Cómo se sabe cuál es tu mundo?

Presumir el final es absurdo, porque nunca se puede olvidar que lo que hoy es novedoso, mañana no lo será… y un amor, aún deteriorado, vale mucho.

15
Abr

Zanahorias para todos

Sin la menor vacilación, pensaba que nunca lo diría, que no me haría falta, que no me desviaría, y esa naturalidad no fue fruto de un cuaderno de vacaciones. Una noche cualquiera, rompí los puntos de estancamiento, y asentí: Zanahorias para todos.

Debí golpear algo, y no lo hice, a lo que mis pensamientos seguían teniendo dueño, por más que no quisiera. Un buen acomodador se hubiera dado cuenta. Y ni con una serpiente de mar por entre mi vientre, cambiaría de imaginario de no ser por ella… Aquella expresión a cara o cruz.

¿Cuál es la mayor de las necesidades?, me pregunto, ante tanto fin.

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