-Y quién cuida al cuidador. ¿Quién lo sostiene?, ¿quién?- insistió ella, marginada, como sin voz.
-Hable por favor. ¿El cuidador?- adujo.
-Perdió todo un año de trabajo levantándome. Si no hubiese sido por él… Ufff. Es que… ¿Y ahora?, ¿extrañarán?- expresó sin decir más.
-¿Eso es todo?- adujo de nuevo el agente no convenciéndole el razonamiento.
Es un hecho, quedan setenta y dos segundos para que se produzca un terremoto, ya han dado el aviso. ¿Entonces?
Eso de las películas de irse al baño y refugiarse en la bañera no se contempla, tampoco lo de pellizcarse.
Trabajar bien para vivir mejor. ¿Cuál es el sentido de la frase?
La respuesta será publicada en unos días. Y no vale añadir opciones tipo:
Ni las enumeraciones extremadamente moralistas, como:
Menos aún adoctrinar serio y roncoso con:
Era muy buen hijo, y muy buen cliente también. ¿Marido? Su nuevo sitio aquí, ya veremos. Pufff. No entiendo muy bien su vergüenza y mis extrañezas… y debemos ir pensando un nombre.
Yo también le tenía un sitio reservado, para querer desaparecer un ratito. Una madre no le cuenta a una hija que está mal; ni los demás días. Que no hubiera nadie dentro de mí no era una novedad.
La joven pintora siempre me trató bien, aceptaba que estuviera a su lado. Disfrutamos de su beca de verano. El círculo artístico nos contuvo. Nunca se debe subestimar el poder curativo del odio, ella lo expresaba así: corrección y evolución. Yo prefería los cuadros que contenían la mar… Y ni aun así llegaba.
Todo suma, ¡vaya que sí!, nos era un tiempito más. Mientras, se aireaba la casa; al volver cogíamos el correo; éramos curiosas e inquietas la verdad… Sólo cuando todo estuvo en silencio lo hice, necesitaba ese extrañar. Me preguntó mi nombre.
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