Era muy buen hijo, y muy buen cliente también. ¿Marido? Su nuevo sitio aquí, ya veremos. Pufff. No entiendo muy bien su vergüenza y mis extrañezas… y debemos ir pensando un nombre.
Yo también le tenía un sitio reservado, para querer desaparecer un ratito. Una madre no le cuenta a una hija que está mal; ni los demás días. Que no hubiera nadie dentro de mí no era una novedad.
La joven pintora siempre me trató bien, aceptaba que estuviera a su lado. Disfrutamos de su beca de verano. El círculo artístico nos contuvo. Nunca se debe subestimar el poder curativo del odio, ella lo expresaba así: corrección y evolución. Yo prefería los cuadros que contenían la mar… Y ni aun así llegaba.
Todo suma, ¡vaya que sí!, nos era un tiempito más. Mientras, se aireaba la casa; al volver cogíamos el correo; éramos curiosas e inquietas la verdad… Sólo cuando todo estuvo en silencio lo hice, necesitaba ese extrañar. Me preguntó mi nombre.
Olía mal en el patio. La humanidad, lo real. Un proceso de muchas veces. Sí. Todo un cambio. Nada camaleónico. Y las dudas por el abrazo de uno mismo.
Ya solo hay dos opciones: la cárcel o la muerte; y la muerte no siempre puede detener la vida… Tenía artritis reumatoide. No me valía para la idea de estar siempre feliz. Fui extraña durante un tiempo, hasta que me pegó los dolores en las manos. Una cosa es la tristeza y otra la depresión, está claro.
Ciertas indignaciones son un torrente de belleza contenida. En el juicio de todos los jueves, he subido a las redes sociales donde tiene presencia la marca PEBELTOR una historia breve, compareciendo, que pareciera ha causado una alerta en alguien, y la ha considerado sumamente esclarecedora, y, por tanto, no válida:
Me decía así:
“I nudi non sono ammessi in questa comunity per regolamento. Ti prego di toglierlo e cambiare post”.
Que traducido al castellano viene a ser:
“Los desnudos no están permitidos en esta comunidad por reglamento. Por favor quítala y cambia la publicación”.
Y manos a la obra, porque quizás la infancia es más importante que lo que viene después, dado que todo es relativo y prestigioso. Mi disculpa, para esa ventana donde no he cumplido el reglamento con mi pulsión de “Tras levar anclas”, ha sido:
«Lo siento, a mi juicio en la literatura no existe el desnudo, no obstante, respeto su reglamento y la suprimo de su apartado. Cada cual se inspira en sus melodías y ve lo subyacente de sus pareceres. Saludos».
Pero no me siento un Calígula, un dictador o un chicano medio emperador, sino que acontezco, sin la cabeza perdida, malo en mis fechorías, asesinatos, sobornos, drogas clandestinas y ni se sabe… Lo mismo debería estar en una cárcel de máxima seguridad, aislado de todo, con mis miserias: y con miedo. Eso sí, en mi epitafio, de haberlo, que haya alguien soñando, creyendo, amando, malo malísimo, estando… y que se le suba el espíritu con su verdadero yo, que la vida continúa. De mayor me gustaría ser escritor, y que griten, que haya marcas de agua y de todo tipo, detonantes. Es como si de alguna manera viviera, y también, es respeto, porque no me he ofendido sino todo lo contrario: he vivido convirtiendo una pared de casa en un parque de atracciones, o en la bacanal jamás vista. Así de sencillo, cada cual fabrica sus pastillas, y si el planeta se calienta demasiado, siempre podremos enfriarlo hasta que no haya marcha atrás y debamos embrutecernos.
-Uno con todo, por favor- que esto es lo que sucede/sacude cuando creces.
P.D: De los secretos y mentiras, del hilo de tensión narrativa, de la inspiración, el reglamento nunca nadie dijo nada; sí del desnudo, claro, denostándolo todo, como si las letras no pudieran trabajar en un todo sin correr riesgos… Pareciera que uno es otra cosa, extraños, y cada cual es/son sus valores. Shake baby shake.
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