Extraños (Blog)

19
Ene

Como si todo, como si nada, como si nadie

Se fueron para siempre; sin sorpresas.

Y la ciencia forense y sus respuestas inmediatas y los matices concluyeron un perfil psicológico del que se podía intuir: sádico, con pasado militar, ludópata, masoquista, homicida, putero, fumador, religioso, ávaro y desconsiderado. 

La evidencia atronadora de las pruebas jamás determinaría que fueron dos ancianos; ni todos los antropólogos forenses y tantísimos detalles, como que los muertos contasen cosas: ¿quién era?, ¿cuándo murió?, ¿cómo murió?

En fin: que sucedió una noche. Y se fueron para siempre, sin sorpresas. 

PEBELTOR

12
Ene

Órdenes que cumplir

Volviendo al cochecito, el Duque fue de lo poco que respetó (dejando algo del mismo), y a punto estuvo de hacerlo pintar de púrpura giboso y deslizarlo con las dos puertas y capó entreabierto por un desfiladero, en el que yacían huesos y dientes, o subirlo al mar y echarlo a los océanos, orgulloso.

Si bien, la tenue luz del alumbrado público que modestamente reforzaba esa ala de notables residentes aguardaba al coche cada noche, creando un complicado fondo para quienes vivieron tiempos mejores, pero existía nuevamente la posibilidad de vivir y debían intentarlo.

El fútbol de los domingos, los éxtasis de los concursos de la televisión, trabajar para ganarse un sueldo, examinar aparatos averiados e intentar no destacar siendo un marine duro quienesquiera que fuesen era miel en esa urbe de desierto, y órdenes que cumplir.

El sexo de las embarazadas

Un buen regalo,

que la vida es urgente 

5
Ene

De niña quería ser bailarina

Era buena siguiendo normas, y como los hombres, conocía sus limitaciones. Pero una fatalidad le impidió lograr aquello para lo que nació privilegiada. Su frescura, su belleza salvaje, la fragilidad y el misterio con el que bailaba quedó en un accidente y una lección bien aprendida.

Otras hubieran renunciado, pero ella no. Tampoco tenía palabras para la muerte. Y se disponía, tal y como ella se decía: “una vez se cierra el trato no se modifica”.

Le caían unas lágrimas más grandes, si acaso; no obstante, pensaba acabar aquello que empezase. Y como le enseñó su abuelo: para saber ganar, había que saber trabajar.

Nuevamente faltaba un solo día para los Reyes Magos, y muy suya cogió papel y bolígrafo (no cualesquiera), y se dispuso a la voz de su inteligencia puramente intuitiva, como la otra vez. Y ya iban muchísimas, pero como si fuera la primera (amedrentadora, casi).

Era todo un arte cuando se colocaba tan discretamente al borde de ese camino, llorona o no. Y completaba ese paso de los días y las horas, porque se veía, por más que el tiempo le pasase de forma cruel e inexorable, sin ni poder pararlo. Nada de fanfarrias ni amontonamiento. Sabía lo que escribía, tristezas aparte. La edad no le era sino un cúmulo de placeres y una brújula en el despeñadero, y heridas asignadas a su fortuna. El mar, un inconveniente superable, como ya demostró aquella vez. Después de cuando las zapatillas mágicas.

Peor le fue con la cárcel del amor, y supo salir de aquello también (la muy bella) por más que le mirasen su rostro con desprecio. Así y todo, su corazón no había albergado el plomo que acarreaban las mudanzas, pero ya tocaba. De leyendas mitológicas ya se había hartado, que casi se le vuelve la sangre agua. Y tras dos embarazos, y dos partos, no quería más uniformes de ida y vuelta que ni con fe se superaba del todo el pesaje de ese corazón, sabedora que ya nunca podría ser más joven.

Lo de cantar le eran mentiras piadosas. Muy parecido a lo de que la quisieran y el deber más que moral del tener que morirse antes que sus hijos; barbaries ingratas para las que no podía alegar inexperiencia. De por sí, seguía queriendo a los mismos que quería, estuvieran donde estuvieran, muy a pesar de que la ciencia de la vida no respetase nada.

El secreto de la longevidad como tal era jugar, y no se trataba de eso. Tenía que haber intención.  

Y como que calada con el rocío de tantas ganas, despuntando a la madrugada menos sonora, exhausta y expuesta, recordaba cada peca y las evitaba, más el crujido de las camas y las manecillas del reloj sonándole desde sus adentros, porque a veces acostarse con alguien era como estar sola. Pero se reforzaba en ese cautiverio y pedía, sutil, tal y como les prometió, hablándose en sus silencios con esas ataduras. Y el problema no es que dejase turrón de más una y otra vez cada año, además del bizcocho de manzana con pasas y chocolate negro sí o sí, y la jarrita de leche; o que se metiera en lo que no conocía ni comprendía, o que otrora época fuera corriendo de un lado a otro perdiendo la serenidad.  

En la casa oscura de su ausencia, fuera o no certeza, higiene de vida, sincronía y/o hacer lo que se pudiera, con el gato ronroneando plácidamente cambiándole la luz de la calle que entraba por los visillos de la ventana, en nada irreflexiva lo firmó, ensobrándola, que vivir en sociedad implicaba seguir el protocolo, yendo hacia una primavera silenciosa en la que casi no habría sonidos.

A partir de ahí, quienes tuvieron dolor y miedo fueron los tres Reyes Magos y el embozo de la sábana, arreglado milimétricamente, cuando tiempo atrás lo hacía con desatino y aquella familiaridad apropiada de sus canijos.

PEBELTOR

31
Dic

No volver a verse nunca más

Se despidieron para no volver a verse nunca más.

Mejor cuento del año, y resumen del mismo: 2022

Toda una gran pena, y un espacio de alegría.

PEBELTOR (autor y jurado)

 

29
Dic

Soy mejor en los recibimientos

–Soy mejor en los recibimientos -dijo y pensó-. Las despedidas provocan una extraña sensación. Hay en ellas algo de envidia. Los hombres se van para poner a prueba su valor y si algo se pone a prueba es nuestra paciencia al prescindir de ellos o tal vez por lo bien que soportamos la soledad.

(Extracto del libro Memorias de África)

Quizás sí, la tierra fue creada para que no podamos ver el final del camino:

la maleta sigue cargada de nuevos y viejos libros que van saliendo.

Porque un escritor siempre tiene la literatura para responder a la realidad.

Gente normal haciendo lo correcto, o todo lo contrario. 

Entonces me quedaría sin nadie.

De no poder ser escritor, lector y espectador,

al margen de los días y los trabajos.

www.pebeltor.com

Feliz Año 2023

 

24
Dic

Lo romántico y lo posesivo

Entonces aparecía la violonchelista tocando Bach como que en un bosque de Dinamarca con los ciervos de la Base subyugados, y Juanjo Lara les encogía las tripas y el corazón y la nada; ninguno se iba. Juanjo era un tipo muy creyente, y apuntándoles les decía: “Si me ves por alguno de tus pensamientos, abrázame que te extraño”. Y les descerrajaba un tiro dándoles la espalda.

La demolición de la Base Naval de Rota iba a costar treinta y cuatro millones de euros por metro cuadrado. Ya estaba diseñada. A los que habría que sumar otros doscientos quince millones en indemnizaciones. Ya no eran los ciento y pico. El suelo debería restaurarse a su estado anterior, y la isla artificial construida de más de siete mil hectáreas, así como que el embalse, habrían de desaparecer totalmente.

Ese paraíso de mucho más de ciento sesenta kilómetros cuadrados, ubicado en los municipios gaditanos (con todos sus complejos y marinas dispuestas en hilera siguiendo la forma natural de la ensoñación humana con formas geométricas, grandes ventanales, amplias azoteas y placas solares, edificadas en parcelas de ochocientos metros de media) terminaría peor que Leningrado tras la batalla de los dos años, con su millón y medio de muertos y casi que dos mil caníbales sin ni llevarse nada a la boca.

Empezaba la guerra de nervios, la inanición, el infierno de los novecientos días y cuantos más hubiera mejor… las mujeres, el relato político, y lo militar. Ahora bien, Marriott abriría sus puertas en las próximas semanas. Un hotel de lujo en un antiguo Monte de Piedad, con seiscientos veinte trabajadores, sumándose a las restantes instalaciones. Doscientas habitaciones y suites. Además, ofrecía cinco espacios gastronómicos diferentes, entre los que se incluía un restaurante exclusivo, un bar de cócteles, un sky bar y una terraza en la azotea, junto a la piscina.

The Rota Edition estaba a muy poca distancia del Triángulo de Oro del Arte de Rota, y cerca de la iglesia Baptista donde el concurso de brownies. Pero las verrugas pasaban a ser un problema muy común entre las personas, tanto o más que el rasurado genital o los puntitos rojos u otros tantos perjuicios estéticos, cosa que curiosamente, convivían con anuncios de pechos desnudos. De mujer, por supuesto. Tetas. Manuela había decidido borrar los pezones en esos anuncios de las redes digitales de la Base para evitar problemas mayores, lo que no hizo fue obviar los cuarenta y tres muestrarios por partida doble que hacían moverse con libertad a quienes se dejaban su sudor, usaran o no tampón en según qué días.

El sexo de las embarazadas

Disponible, muestra de lectura

 

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