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7
Ene

Quería creer…

4
Ene

El pecado original

Un niño puede llegar donde quiera. Supongo que habré tenido mi vida en pausa, o a favor de algo que no sé muy bien qué es. Sí, algo solo mío, fragilidad quizás. El caso es que aún exploro esos matices. Es como si la adolescencia se intensificase; poco a poco me he quitado lo menos veinte años. He vuelto a andar de madrugada sin pasar frío, cruzar el centro de la ciudad sin mirar a las farolas, y, sin embargo, recién despedido un año entro en otro, débil y disperso, aunque parece que algo he apuntalado.

Era ella, la saludé. Lo intuí desde el principio. Un café con leche, su croissant, y esa conversación con mi buen amigo, ambos con las horas contadas hasta que nos aloquemos, de momento bajo las influencias de las bajas presiones. Cualquier día apareceremos en Berlín, o a orillas del mediterráneo.

Pero la preciosa instantánea no mintió.

Dame un beso– le dije ganador.

No era una gran noche de sábado, y el espacio era todo suyo. Le faltaba la cama. Su cafetería era un lugar para estar muy, pero que muy agradecido. La libertad de las marionetas sentí de perfil. Tan diferentes, estábamos igual. Me sentí fuerte, y fui valiente: el alumno se dirigió a la profesora con los pequeños problemas de cada día; no para desearnos lo mejor en el nuevo año, sino extraño, para morir como hombre.

31
Dic

La Tribuna de Ciudad Real (Viento sobre el mar)

http://www.latribunadeciudadreal.es/noticia/Z9AE4ACB4-DA86-31F8-5E0F435F51E61D79/Viento-de-enfermedad

28
Dic

Once y veintritrés

Cuanto más cerca la profundidad de la belleza es más agónica y deseable, y eso que se es muy consciente de las dinámicas y la estática de tanta mar. Ni remando a brazo tendido se avanzaría más. Hay momentos en los que no, porque el retorno es también ese patrimonio perdido.

¿Serán verdad todas esas cosas?, ¿de veras habrá alguien esperándome?… ¿El bebé del puerto será mío? ¡Malditos siete minutos!, y las medias horas de tanto decirse y extrañarse. Nunca es una palabra que asusta.

21
Dic

Amapolas mías

Llegué tarde al tren, no me dejaron ni intentar subir al mismo, creía que podía lograrlo, de hecho, vi a una mujer que corría tras de sí. Ahora es ella la que me consuela, no lo sabe, pero sí. Reclama, ha solicitado la hoja de reclamaciones. La atienden con muchas diligencias, esa que dictan las marcas de raigambre: va por el segundo mostrador, le quedan otros tantos a mi entender.

Yo la veo, y no paro de mirarla. Me duelen los ojos de tanto disimulo. Va de informal, de culta, de hípster, rapera, lista, guapa y fea. Lo es todo, como las vías y su desamparo, que acogen. Son la verdad de este suburbano y valle inacabado, lo que nos une a todas las identidades.

Muestran la pureza del instante como nadie, las vías están hechas de la ausencia del tiempo; la piel es quien mejor las entiende, y los ojos, que aún me duelen; y que sigan. Sigue siendo bonita, única. Abajo es la mejor crónica de paso. Antes hubo perfectos desconocidos y sus traumas. Hay pintadas, muchas. No las entiendo, cuesta ser todo y nada en un santiamén. No obstante, las paredes y todo ese inventario, como si fueran las cinco de la mañana te despiertan: son faros de raros grisáceos por colores que haya. Y cierta acusación. Lo mismo que esa y yo, la que reclama y se entienden, que no terminan de hacerse caso, y eso que se miran: ¡vaya que si se miran! Son tan extraños como estos túneles, que no son un almanaque sino un sentimiento de alguien: muchos, todos, nadie.

La desigualdad y los modelos de crecimiento urbano son otro cine de la vida. Sí, estamos más cerca de lo que creemos.

 

 

14
Dic

No más perder

Es muy difícil convencer a alguien cuando está enfadado. Tampoco es fácil hacerle cambiar de opinión cuando lleva toda la razón. El caso es que hay rutinas que son los mejores y peores ideales pacíficos de la historia. Para unos, recoger las hojas de higuera cuando las mismas se agostan y marchitan con los primeros hielos, así como, en días previos a esos intensos fríos de invierno, el mero hecho de proteger los grifos que están a la intemperie con plásticos y paja si fuera posible, sujetándolos con una cuerda que lo anude muy bien, prieto todo, por unos meses.

Haciendo eso mismo, experimenté la abrupta soledad y la sorpresiva compañía del paso de los días:

-Pon aquí el dedo- le pedí sin más a un pequeñajo, viéndolo llegar.

En ese momento me vi tontamente reflejado, y no podía dejar de apretarlo todo. Con el paso de los años había ocupado, sin querer, el lugar de mi padre.

Rastrillando las hojas ya no había nadie, ni quería tener a nadie, ¿o quizás sí? Era una semana más tarde, lo mismo dos o tres, da igual para el caso, porque el archivo visual me dictaba dos caminos: aguantar el paso de todas y cada una de las estaciones y añadas tal y como fueran llegando, o ponerme al día, siendo yo, yéndome, como siempre quise:

-Cuando me toque la lotería me iré de aquí- afirmé en una comida estival.

Sí, mis ojos lo ven, pero mi cabeza no acaba de entenderlo. Son herencias, son decisiones. Es el sentido de un final: no hay nada más grande, ni parecido. Es cierto lo que dicen: que uno es el último en enterarse de lo que le sucede. Yo lo he visto, me he percatado. Sí, la transparencia es una forma legítima de presión. Cuando nadie se aparta todo es un bucle interminable de refuerzo aterrador, autoritarismo y malestar. Quizás, deba irme y no aguantar más, quizás, porque no siempre lo que uno recuerda es la verdad, y extrañamos más que vivimos. 

De amor, no preguntes nunca a los cuerdos” dijo alguien que leí no hace tanto, en estos mis días de fríos. Me basé en eso para no irme, por antaño. Pero no es razón para quedarse, y, sin embargo, nos lo venden como un código ético inquebrantable.

¿Qué pasaría si uno lo deja todo y empieza de cero, en otro lugar, con otro trabajo, abandonando su casa, malvendiéndola si fuera necesario, dejando un puesto de trabajo fijo y la comodidad de una ciudad dormitorio y de servicios, solo, absolutamente solo, cosa que no le resulta extraña en su razón de ser?, ¿es la lógica de lo absurdo?… ¿por qué subir la misma cuesta, siempre? ¿Acaso hay algo más que a uno lo retenga?, ¿apareciste por fin?

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