Pedro Belmonte Tortosa

4
Jul

Esa geografía lenta del arañazo

Un puñado de caramelos, alocadas y compulsivas carreras al aire, castigos sin venganza y el sonido de la ausencia propició que la frase yo tampoco quería a tu padre cuando nos casamos, invariablemente cobrase sentido todos los días. Una y otra vez.

Ese tenía sed y como que no tuviera nada más que comer. Yo le era capital. Alguien deseada. Me exhibía, me pavoneaba, presumía de mí. Compró la belleza… en esa sociedad decente de los parecidos.

600 vecinos me apellidaron como él. El orangután. Una persona no humana. Y eso que decían que la era de los ´super empleos´ lo iba a cambiar todo. Una definición que no resuelve nada. El hospital clínico no debía únicamente diagnosticar. Noches insomnes; sus nervios; la herencia; sus tics. La reina loca no nació ayer. Cinco palabras clave tengo: comprobado, beneficio, dinámico, personalizado y disfrutar. Palabras que no se contraponen con los mejores perfumes. Los Chanel Nº 5, Good Girl, Blue Grass, Pleasures, Love in Paris o los consejos para cuidar las manos y los pies ya ni son aspectos relevantes en la batalla. Deseé que se le ocurriera algún comentario inteligente para que pudiera hacerse eco, dado que estaba su madre al lado, su única voz, pero lo único que pudo y supo hacer fue negar con la cabeza y sonreír. Las casas de los rusos son eso para mí: acabaría dejando ciego a todo el mundo.

27
Jun

O eso afirmaba el informe oficial del gobierno

Cual galería de seres desordenados la guerra había empezado. Otro papel. Sólo me alegro porque tú no vas a participar en ella, pensó la doctora, deslizando los pies hacia su interior, estremeciéndose. Y sin dejar de escuchar la grandiosidad de los primeros días, un indistinguible rescoldo asomó su hocico. Cenizas rojas quería su cariño, peor que un instrumento adulto.

Centelleante, ella le convino uno caricia, de esas inmensas por preciada, corta y sentida. ¿Cómo llegó a querer a aquella máquina de escribir teniéndote a ti?, le preguntó al perro.

Sus zapatos parecían estúpidos, viviendo en un oscuro mundo al otro lado del cuarto. Ni el hijo de tres años se los puso para caminar ruidosamente. Ya iba teniendo edad de ir sabiendo cosas, pero no. La camiseta raída fue incapaz de pensar, hablar y recordarlo por sí sola. Anquilosada a sus pies, ella terminó de decírselo todo, habiendo desobedecido su propio mandato: vamos a tomar el aire, nos vendrá bien. Todo inexplicable y, a la vez, comprensible; odioso; y, a la vez anhelado. Cenizas rojas en sí mismo era un susurro hecho eco; todo un consuelo vivo. Y el peque. 

20
Jun

Con la vista alzada

Fue magnífico verle tocar. Era uno de los recuerdos más vividos que guardaba de su infancia. Fue como la primera vez que vi aviones volar. Su madre nunca había llorado delante de él. Sollozó hasta casi quedarse ciega. Ni siquiera se había imaginado que fuese ella; la voz nunca le fue extraña.

La rubita bajita de ojos azules y larga cola de caballo no es que le buscase tres pies al gato. Su madre, de pronto, hizo cosas importantes en el mundo, sí o sí. Ése fue uno de los servicios, los otros, conseguir una buena transformación. Pasaron semanas, y con las fotografías ya en permanente exhibición, empezó a reconocerlo gente extraña; si no era el chaval del escaparate ¿por qué ese exceso de emoción? ¿Por qué sí?, ¿por qué no?

Ni los músicos minimalistas o los de las óperas tan modernas. Toda la gente criticó. De habérsele puesto la piel oscura jamás hubieran llegado al ´ni contigo ni sin ti´. Una con largo cabello y otra con pelo corto se estrecharon mutuamente entre los brazos, dándose estabilidad. Y no en cualquier sitio, sabían dónde se encontraban. ¿Quiénes no eran necesarios? ¿Qué quería decir con eso? Sencillamente, rebatir lo de esas cosas no pasan.

Retirar la denuncia y no enviar a nadie a la cárcel, hasta de los que trabajaban de 8h. a 15h. fichando a la entrada y a la salida, fue otro agravante. Había horarios infinitos. A su madre le entró tal pavor, que le dio tanto miedo de quedarse sin su hijito que estuvo a punto de perder el juicio. Ella se confundía, no por miseria a mansalva. Sabía que su criatura tenía más de cuarenta y uno, pero no ese capitalismo de acumulación. Infinito porque lo llamaba de todo: ¿Estás enfadado contigo mismo, Archie, Rose? Tía Mildred sí que se fue a Berkeley, como si se hubiera visto obligada. No pudieron estar más de acuerdo.

 

13
Jun

Espejito, espejito

Vista así cualquiera diría que tuvo que ser operada de los dos brazos, intubada y sedada para trepanarle el cráneo hará unos cuarenta días. No sólo sus músculos tenían esa extraña memoria.

¡Pero qué cabrón el espejo! Todas las fracturas para él. En eso quedan los sonidos de un escándalo: ni los ratones de Dios. 

6
Jun

Los que somos así, dicen

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho;

los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones;

el enemigo más fuerte, el miedo al más poderoso y a nosotros mismos;

la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira, y el egoísmo;

la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor;

las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos,

y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que esté.

30
May

Siempre he sabido eso de ti

Que no eres de ojos vacíos, de dedos fríos o manos crispadas. Que atraes, por faltas que tengas. Que estás preparada, aunque no das ese pasito adelante. Que las palabras cortas nos acercan, y que tus noches se me hacen días.

Que no siento un enorme y duradero cariño, que estoy aún comportándome. Que no arrecio. Son contradicciones que acato sin ni mirarte a los ojos. Que ni siquiera ha empezado nadaQue ni siquiera me has escuchado, y que en tu cansada melancolía algo quieres.

Las armas no causan las guerras, estoy seguro: serías tú. La del cajón abierto. Algo nuevo, extraordinario, hermoso, simple. La de las travesías mentales a reinos voluptuosos yendo y viniendo. El patio de la cárcel estaba anegado en sangre. Sí pudieras sonreír un poco. Mira que en estos tres días no hago más que defenderte, pero si hubiera un cambio significativo… ¿Dónde pusiste la bomba?, equivocarse tampoco está nada mal: habla conmigo.

Yo también me perdí en los mundos de elocuencia; el sol se me detuvo. No todo es que costees este proceso sirviendo de receptáculo para fecundar otras vidas. La enfermera te pasará una nota, no te pido ni que hables con el juez. Yo intento vivir en el mundo real. Necesariamente tienes que aceptar mis conclusiones. Cuando des a luz te van a freír en la silla eléctrica. Dime ¿dónde está la bomba? De no estar embarazada te estrangularían hasta la inconsciencia. El alma de las cosas inanimadas duele, a mí me lo hicieron. Y no, no soy policía. No soy uno de ellos. Sigo siendo tu marido: en mi triste deber. Recuerda todas nuestras ideas en aquel puente, el de los exiliados. Ahí también he mirado: la niebla baja sigue, te espera en su calma. Y tómate las pastillas cariño, lee algo por favor; haz lo posible para no pensar en ello… yo también los extraño

¿Por qué ha salido todo tan mal?… No vuelvas a rajar a nadie… con todos esos indigentes entrando y saliendo casi a escondidas. Resulta deprimente volver a donde nos conocimos. La mujer negra de ciento cincuenta kilos te protegerá. Palabra. ¡Diablos! ¡Todo el mundo llegará en punto! ¡La capital en ruinas! No dejarás ni flores de plástico. Cuando te propuse la idea no quería que te condenasen, pichoncito. El maricón negro ha de ser el último. Dime dónde y cómo empiezo.

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