Pareciera que no, pero sí. Había un momento en la vida en donde se precisaba escaparse a ese lugar donde se cruzaba lo viejo y lo nuevo y recordar esas maneras de hablar, de comer y donde el silencio no tenía más señuelo que servir para muchas miradas diferentes y ninguna, como si se descubriera algo nuevo, dejando a un lado las cosas que decimos, las cosas que hacemos.
Ese bazar de la calidad, ese disco de silencio. El frío de la madre.
La casa, ese lugar del que marcharse con tantos recuerdos con los que se había llenado. Nada más ensordecedor; donde antes se vivía con soledad y ahora con compañía en la ruleta de los días, los años y los tiempos. Donde alguien vivía sólo para tener un lugar adonde volver siempre. Dulce y salada.
–Soy mejor en los recibimientos -dijo y pensó-. Las despedidas provocan una extraña sensación. Hay en ellas algo de envidia. Los hombres se van para poner a prueba su valor y si algo se pone a prueba es nuestra paciencia al prescindir de ellos o tal vez por lo bien que soportamos la soledad.
(Extracto del libro Memorias de África)
Quizás sí, la tierra fue creada para que no podamos ver el final del camino:
la maleta sigue cargada de nuevos y viejos libros que van saliendo.
Porque un escritor siempre tiene la literatura para responder a la realidad.
Gente normal haciendo lo correcto, o todo lo contrario.
Entonces me quedaría sin nadie.
De no poder ser escritor, lector y espectador,
al margen de los días y los trabajos.
Feliz Año 2023
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