Tag: milagros

29
Ene

Madre, y señora

Siempre llevaba encima una capa de calma esterilizada; pareciera que no experimentara realmente las cosas, que se limitara a contemplarla desde lejos, bien cerca.

Dos días le quedaban a esa madre, y señora.

A los milagros hay que llamarlos

11
Dic

El hombre que cambió Norteamérica

El martes salió a correr y a la vuelta, en el buzón, se encontró una carta repartida a mano; sin sello, sin dirección. Apenas su nombre en el anverso.

No sabía mucho sobre esa mujer, casi nada, en realidad. Cierto que le sonaba el nombre.

Qué extraño fin de semana fue aquel.

A los milagros hay que llamarlos.

PEBELTOR

20
Nov

Como yo no pude hacerlo por amor

Arreboles de tarde a la mañana aire, dijo siempre.

Buena es la nieve que en su tiempo viene, sostenía. Hasta un sombrero le era política, que también.

Cielo aguado, hierba en prado, expresaba para vestir y creerse a tantos y tantos personajes.

Malos ojos son cariño, comentaba sobre el efecto deseado.

Guerra avisada no mata soldados, decía de normal, intentando no sobresalir mucho.

Llegó el día de jubilarse y tenía todo el tiempo como para seguir agarrándose a eso, a esa pequeña casita de su niñez, a su habitación de al lado, la del lujo silencioso. Solo su mujer y él lo entendían. Una mujer que se le adelantó, y mucho, pero aun así le esperaba con los brazos abiertos dándole su tiempo, adivinándole el parpadeo desde lo lejos, eso sí, que no marcando su retorno.

La conoció muy de niña y hasta que se le fue… siendo muy señora. Febril la mirada de cómo la buscaba y rondaba con el alma cerrada… tenía miedo del encuentro, pero se lo prometió, de día y de noche. No sería un viajero huyendo, cuidaría de esa esperanza humilde y como que volverían a ver el atardecer juntos con lo plateado del tiempo.

El hotel habría de buscarse otro conserje que supiera hacer de botones, y conocer perfectamente las rutas, los mismos giros, el mismo destino, que nada cambiase… y que cuando la puerta se abriese, que se abriese de veras.

Lo eligieron entre más de mil, y si lo buscasen igualito no lo encontrarían. Su banco, bajo la ventana, el de los días y los trabajos, se lo regalaron sus compañeros a modo de bálsamo en la despedida y que lo retirase un poco a esa casita y su arena, su retiro, su lugar… de él y de su querida esposa, juntos.

Le hizo entrega de este su nieta, nada más y nada menos que una réplica suya mejorada. Una pequeñaja a la que le enseñaba los animales mejor que nadie, para que conociera la vida y se fuera haciendo un sitio.  

Cuando la cabra estornuda, el tiempo muda, abuelo. Cuídala como yo no pude hacerlo por amor. Si las orejas sacude el burro, agua segura.  

A los milagros hay que llamarlos

 

27
Sep

Una cura para todos los males…

…A los milagros hay que llamarlos.

20
Dic

Llamar al timbre, si hoy fuera el último día

Si hoy fuese el último día, y lo supiésemos, ¿te atreverías a llamar al timbre con un regalito a ese extraño vecino/amigo/querido que tanto da por c…? ¿Superarías las ganas?, ¿lo irrefrenable?…

No se necesita mucho: un poco de cartón, unos garabatos, el cielo prometido. 

Felicidades si tienes la chispa. A veces sobran milagros

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