Recordaría esas últimas tres semanas como se recuerdan los días de la infancia, sus imágenes y sus fechas. Había comenzado a llevar una doble vida. La edad adulta traía consigo la ilusión perniciosa del control y los espejismos.
Había toda una cadena de circunstancias, de errores culpables o de afortunadas decisiones. Nadie supo nunca cómo ocurrió, si el avión se rompió en el aire o si fue cosa del choque. Los pilotos buenos estaban muy cotizados; las bandas se los disputaban.

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