No estrenó ropa hasta que se casó, siempre heredó de sus hermanos.
El parte oficial consignaba al día siguiente que a consecuencia del bombardeo aéreo habían muerto doscientas veintidós personas. Figuraban en el parte los nombres y apellidos de un centenar de víctimas y al final decía textualmente: “Los ciento veinticinco cadáveres restantes no han sido identificados”.
Las personas mediocres se desmoronarían. Su mujer no. Todos tenían verdades y mentiras. De alguna forma tuvo olfato, le ocurría con muchas cosas en la vida. Una mujer que tenía una habilidad especial, quizás por eso aquella mañana le hizo el amor.

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