Ella era como la primavera, igualita:
“Darme quiero a entender sin decir nada” se desprendía al verla.
“Ni me dejo forzar ni me defiendo” trataba su libre comercio.
“Entiéndame quien pueda; yo me entiendo” para quien no la conocía.
Ella era como la primavera, igualita:
“Darme quiero a entender sin decir nada” se desprendía al verla.
“Ni me dejo forzar ni me defiendo” trataba su libre comercio.
“Entiéndame quien pueda; yo me entiendo” para quien no la conocía.
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