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14
Jul

Newsletter de Julio de 2019

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6
Jul

Julio 2019. Escaleras arriba y abajo

4
Jul

Esa geografía lenta del arañazo

Un puñado de caramelos, alocadas y compulsivas carreras al aire, castigos sin venganza y el sonido de la ausencia propició que la frase yo tampoco quería a tu padre cuando nos casamos, invariablemente cobrase sentido todos los días. Una y otra vez.

Ese tenía sed y como que no tuviera nada más que comer. Yo le era capital. Alguien deseada. Me exhibía, me pavoneaba, presumía de mí. Compró la belleza… en esa sociedad decente de los parecidos.

600 vecinos me apellidaron como él. El orangután. Una persona no humana. Y eso que decían que la era de los ´super empleos´ lo iba a cambiar todo. Una definición que no resuelve nada. El hospital clínico no debía únicamente diagnosticar. Noches insomnes; sus nervios; la herencia; sus tics. La reina loca no nació ayer. Cinco palabras clave tengo: comprobado, beneficio, dinámico, personalizado y disfrutar. Palabras que no se contraponen con los mejores perfumes. Los Chanel Nº 5, Good Girl, Blue Grass, Pleasures, Love in Paris o los consejos para cuidar las manos y los pies ya ni son aspectos relevantes en la batalla. Deseé que se le ocurriera algún comentario inteligente para que pudiera hacerse eco, dado que estaba su madre al lado, su única voz, pero lo único que pudo y supo hacer fue negar con la cabeza y sonreír. Las casas de los rusos son eso para mí: acabaría dejando ciego a todo el mundo.

27
Jun

O eso afirmaba el informe oficial del gobierno

Cual galería de seres desordenados la guerra había empezado. Otro papel. Sólo me alegro porque tú no vas a participar en ella, pensó la doctora, deslizando los pies hacia su interior, estremeciéndose. Y sin dejar de escuchar la grandiosidad de los primeros días, un indistinguible rescoldo asomó su hocico. Cenizas rojas quería su cariño, peor que un instrumento adulto.

Centelleante, ella le convino uno caricia, de esas inmensas por preciada, corta y sentida. ¿Cómo llegó a querer a aquella máquina de escribir teniéndote a ti?, le preguntó al perro.

Sus zapatos parecían estúpidos, viviendo en un oscuro mundo al otro lado del cuarto. Ni el hijo de tres años se los puso para caminar ruidosamente. Ya iba teniendo edad de ir sabiendo cosas, pero no. La camiseta raída fue incapaz de pensar, hablar y recordarlo por sí sola. Anquilosada a sus pies, ella terminó de decírselo todo, habiendo desobedecido su propio mandato: vamos a tomar el aire, nos vendrá bien. Todo inexplicable y, a la vez, comprensible; odioso; y, a la vez anhelado. Cenizas rojas en sí mismo era un susurro hecho eco; todo un consuelo vivo. Y el peque. 

20
Jun

Con la vista alzada

Fue magnífico verle tocar. Era uno de los recuerdos más vividos que guardaba de su infancia. Fue como la primera vez que vi aviones volar. Su madre nunca había llorado delante de él. Sollozó hasta casi quedarse ciega. Ni siquiera se había imaginado que fuese ella; la voz nunca le fue extraña.

La rubita bajita de ojos azules y larga cola de caballo no es que le buscase tres pies al gato. Su madre, de pronto, hizo cosas importantes en el mundo, sí o sí. Ése fue uno de los servicios, los otros, conseguir una buena transformación. Pasaron semanas, y con las fotografías ya en permanente exhibición, empezó a reconocerlo gente extraña; si no era el chaval del escaparate ¿por qué ese exceso de emoción? ¿Por qué sí?, ¿por qué no?

Ni los músicos minimalistas o los de las óperas tan modernas. Toda la gente criticó. De habérsele puesto la piel oscura jamás hubieran llegado al ´ni contigo ni sin ti´. Una con largo cabello y otra con pelo corto se estrecharon mutuamente entre los brazos, dándose estabilidad. Y no en cualquier sitio, sabían dónde se encontraban. ¿Quiénes no eran necesarios? ¿Qué quería decir con eso? Sencillamente, rebatir lo de esas cosas no pasan.

Retirar la denuncia y no enviar a nadie a la cárcel, hasta de los que trabajaban de 8h. a 15h. fichando a la entrada y a la salida, fue otro agravante. Había horarios infinitos. A su madre le entró tal pavor, que le dio tanto miedo de quedarse sin su hijito que estuvo a punto de perder el juicio. Ella se confundía, no por miseria a mansalva. Sabía que su criatura tenía más de cuarenta y uno, pero no ese capitalismo de acumulación. Infinito porque lo llamaba de todo: ¿Estás enfadado contigo mismo, Archie, Rose? Tía Mildred sí que se fue a Berkeley, como si se hubiera visto obligada. No pudieron estar más de acuerdo.

 

13
Jun

Espejito, espejito

Vista así cualquiera diría que tuvo que ser operada de los dos brazos, intubada y sedada para trepanarle el cráneo hará unos cuarenta días. No sólo sus músculos tenían esa extraña memoria.

¡Pero qué cabrón el espejo! Todas las fracturas para él. En eso quedan los sonidos de un escándalo: ni los ratones de Dios. 

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