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9
Mar

Coincidencias

Tú no sabes lo sabios que eran antes. La parte seria y solemne se queda en nada. Lo más, un certero hachazo, cien palabras y ese –creo en el amor pero no dura nada en los labios-, esto es así, incomodidad. Su belleza le precede, parezco una madre a su lado. Y no tengo la menor duda de que sabrá elegir… Es muy masculino, pero tosco; y la otra dominante, poderosa… sensible también.

Tenemos un pacto ¿verdad?… Ese asunto nos concierne chiquilla, hazlo… sólo un poco. Empieza una nueva etapa. Sí. Sería conveniente ser amigas… y extrañas.

5
Mar

No la tenía olvidada

2
Mar

Ni vetos ni fronteras

Interpretar el imposible es algo universal. Un título sirve de poco sin espadas que lo defiendan. Son eso, cosas de tener lo último. Ahora debemos esperar… vamos a ser listos, así lo haremos bien.

Ese persigue a un fantasma. Nada hay definitivo; las cosas cambian, verás… Nos utiliza, está jugando a dos barajas. Las cosas cambian, te lo aseguro yo… Si el futuro depende de las elecciones que se tomen, deberían preocuparte quienes te rodean, yo elijo ser extraños.

23
Feb

No quiero volver

Las acreditaciones siempre me dieron asco, y las mudanzas no contenían besos algunos. Ese mundo me equivocaba… y fueron un montón de veces. Aquel modelo, y los diez segundos del después me hicieron no hablarles más; el caso es que no dejo de pensar.

-Elige todo- me dijo siempre mi madre, -en una relación no te conformes- insistía con su autoridad, como que sentenciando e impartiendo justicia. Y yo, sin la entrega de nadie y con el trato recibido y este mal oro. “¡No!, ¡No!, ¡No!” pienso al recordar esa humillación, al tiempo que me emperro bien sola… En una taberna gobernaría mejor todos estos reveses… aunque el beneficio no es de lo más premiado; dan ganas. Todavía una se estremece por los -¿Me arrodillo yo o tú?; ¡Y lo que estás disfrutando!; ¿Eres mi esposa o mi reina?; ¿Te suplico?-… No sé, ¿igual podía hacerme la extraña?

19
Feb

Serie reflexiones ahuhardilladas

16
Feb

Algo prestado

Se dejaba notar, y en su silencio no hallaba parecido. Era todo un personaje, hasta usura de tanta clausura… el viento, por decir algo, se le formaba al lado, apellidándole con unos silbidos, toques de experiencias y lejanías.

Pero más concretamente lo que hacía era estar, ser segundo le valía. Vivía sus años y años de monólogo interior por entre los contrincantes.

–God save the Queen- le lanzó uno con su mejor brillo azul.

Otro le dijo –Yo tenía una granja en África- dándole de lleno a su gloria incierta.

Más él seguía en su bien cercada pequeña joya, lejos de todo y como no sirviendo para nada, eso sí, protagonista como pocos. 

Cuan de pronto, en tan jaula de animales, reflejos y apocalipsis vieron los alborotadores que estaban, pero sueltos, aún con la emoción del ser y esa indecorosa sed de faltarles manos con las que empinar sus abrazos… Ese mojón, símbolo de los pasos pendientes superó a todos en sus edades perdidas, pues desde su alter ego les dijo casi que sin ni abrir la boca, enrojecido como todos:

-nunca dejaremos de ser anónimos, la memoria muscular nunca desaparece.

Los de abajo, los de al lado, inclusive la oficiante como que le dieron crédito, pero no mucho, al poco retomó las riendas y transformó lo extraordinario en cotidiano:

-Bien, los tres minutos para perderse han finalizado, soltad las botellas.

Acto seguido de nuevo formaron en corrillo, con esas sillas de paleta o apoya brazos, y extrañaron.

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