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Llegas demasiado tarde, demasiado pronto, y los siglos de historia te escuchan preciosa mía. No empujes más, no se puede parar el tiempo. En apariencia se mueven; y no puedo estar callado: yo te cuento. Aún nos veo por cuando nos dedicábamos a pensar en ellos, ¿te acuerdas? Era nuestro pequeñito hotel, nuestro Mediterráneo. Un día quisimos subir a un caballito de mar ¿te acuerdas? Veníamos de corregir el rumbo del verano, tan vulnerables como decididos. Tú no me escuchabas, te movías. Yo sí.
Ahora vendo seguros, trabajo enfrente tuyo. Soy el del pelo con alguna entrada, hacia atrás. Aquí, en la oficina, nadie dice las cosas porque sí. Volvería a iniciar tan apacibles vacaciones, y eso que no me hablabas más que en voz baja, todos los viernes; todos. Hoy sí. Algo en mí habrás visto, tus manos han tiritado: eran tus dedos, de reojo los reconoceré siempre. Cuarenta años, no más. Ahora sí que no sé cómo bajarme de aquel vendaval nuestro, extraño el rocío de cada uno de esos días en esas cadenas, las de los dieciséis deseos.
Firma aquí, en la crucecita que te marco. Yo empujaré tu canturrear alegre; esto es una cadena. Vuelven a ser días de color naranja. La realidad es gratis. Volveré a ser el Príncipe Preguntón. Seguro. Ya he reservado plaza. Estoy harto de colorear mandalas.
Huellas:
otras máquinas,
vidas a través de las ventanas,
seres gregarios, pies que nos mueven,
y la felicidad solitaria, sufrida, necesitada.
Demonizar el tiempo se podría decir, extrañar.
Es el juego sucio de ser condescendiente,
y no, nadie quiere eso ¿verdad?
De manera demoledora
lo queremos todo,
lo incondicional
y complejo,
todo.
Ya resuenan las modernidades de ciudad,
alguien dice algo, alguien toca algo;
sí, yo mismo lo he comprobado,
se remueve mi propia vida.
Cosas que cambian los para siempre,
cosas que hacen llorarlo todo, sí,
cosas que cambian la piel,
el humor y el orgullo.
Por ser tan de donde somos,
de aromas de arenas,
lo inútil de todo,
sí, seguro.
Es la lepra del tiempo,
amargor local,
extrañar,
sí.
Los modelos que proyecta la televisión son promesas de un lado para otro, que luego en la vida real no son mejores que el mundo sórdido de los alquileres, donde muchos mueren por un sueldo, u otras/os se prostituyen por un techo, como forma de vivir.
Mentiras virtuales que animan y anidan en vidas reales, pero mentiras, extrañas. Horas de mi vida. Ni tan siquiera cerrando los ojos, apagando la luz y cercenando el trabajo quiero y dejo de querer.
La radio ¿el comienzo de un cambio? Somos seres para crear, para imaginar. Podemos ser veinte cosas en un mismo rato… pero a quien le llamó y se lo dijo. Solo quieren verme como camarera de piso que soy, esa pequeña parte… Ni descalza.
Público y único actor, eso quiero. Cada vez sé más sobre menos.
La duda es si le riño o le arrullo. Es nuestro silencio extraño, con su mea culpa. Pero ganas no me faltan. Me lo conozco muy bien. A poco me dirá que en verano nos vamos unos días a la playa nosotros solitos, y que era solo una broma… con su cara de siempre, la de cuando ya sabemos.
Me callaré. Le dejaré hacer. No me soluciona nada renunciar a las olas, ¡es que me encantan! Hoy no seré mala malísima. Esperaré, sí, para cuando la barriguita. Tampoco me interesa cambiarle el comportamiento así de primeras, es pesadísimo lo otro. Ya vendrán las primaveras.
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