Extraños (Blog)

4
Oct

Sus guerras no han hecho más que empezar

1
Oct

Sabores de un sueño

Pudiera ser que los estorninos sepan si los ángeles están tristes, pero no lo dicen. Ello, unido al poco valor de los vicepresidentes o quienes ostentan cargos de relevancia en segundos términos, en esta sociedad donde el dinero y la información es lo que más comunica, a uno le llena de reflejos tal que las motas de polvo pueden hacerse imprescindibles. Todo llega a su fin, aunque por entre esas presencias siempre se nos vislumbren ecos, nexos, lazos.

Una bici sin ruedas no es una bicicleta. Un coche sin asientos no deja de ser mecánica y chapa. Y circunstancialmente o no, hemos convertido los muchos tipos de hambre en parte de lo socialmente aceptable, aullidos sin dedicatorias. Los detalles importan casi más que las trampas.

No sé. Si se protesta, a lo más que se llega es a mezclar lo religioso con lo profano, convirtiéndolo todo prontamente en una subasta de figuraciones y realidades a conveniencia, pero ¿acaso quieren hacernos creer a los ciudadanos, unos y otros, que toda demencia es sobrevenida?Quisiera de esas otras variables, de quienes por trabajo tienen otras percepciones, dando equilibrio como para compensar esas opresiones de los círculos de poder. En alguna ocasión me creo hierro, corroyéndome infame. A este paso, pájaros o no, todos vamos a ser extraños.

27
Sep

El límite de la verdad

27
Sep

Colombias

Nace la media luna, decrece o crece, es lo de menos, pero brilla sin hacer ruido. No molesta. Se ve desde todos los confines, hija del aire… y deja ver eso tan grato y necesario del –cesa la horrible noche– donde todos tienen perfil, todos comen, todos parece ser que vinieron en algunos ancestros del mundo rural, quienes no, con el cine, el colegio, las músicas y los trabajos están en otras partes. Ahora bien, hay letras pequeñas en los pactos. ¿Alguien discute que las drogas no son un negocio?, ¿qué robar, secuestrar, amedrentar no se hace porque sí?

No sé… Uno se entretiene con irse a cortar el pelo, con ni mirar muy aprisa en los cruces, con saber más de otros que de uno mismo, y se olvida de ver eso: ¿Qué cesa? ¿Qué ha sido lo más horrible de todo cuanto nos ha acontecido? ¿Qué sucederán en las siguientes noches?

No es por no creer, es por no ser parte de nada ni nadie que no termino de entender. ¿Ya no hay violencia?, ¿ya no hay drogas ni dinero de por medio?, ¿ya no hace falta nada salvo estar?… ¿Por qué no se dice entonces, sin más? Vivo por las Españas, y hasta era una especie de tabú el ansiado pacto, llámese acuerdo de paz. Y su comunicación oficial con toda la farándula que acarrea, a mí, como ciudadano, no deja de parecerme un mero formulismo. Yo quiero que me digan que Colombia, como tantos otros, es un país al que puedo ir a conocer libremente. Y que luego se sumen otros tantos como Egipto, Siria, las Coreas, etc. Es un principio, suertes también, que siga: sin militancias.

Ahora no tengo dinero como para ir, estar y conocer tal y como desearía estar haciéndolo, pero me genera adicción saber de las oportunidades, ¿por qué no secuestrarse así, robándose unos sueños? Tantas políticas de unos y otros amedrentan, cabrean, enfrentan. Un buen político no tiene que presumir de nada, ha de dejar que las naturalezas sigan su curso. Que miren a la luna: nace a medias, brilla sin hacer ruido, no molesta, se ve desde todos los confines… y deja ver eso del –cesa la horrible noche- donde todos tienen perfil, hasta cuando todas las cifras son mentira. Eso, eso somos, otras partes: extraños.

9
Ago

Economías circulares

No era un economista, ni juez, menos aún médico, farmacéutico, profesor, biólogo o gestor cultural. Era alguien que vendía, visitando a otros con mayor cualificación académica para que recetaran a ese laboratorio que representaba. Y jamás fue a una Olimpiada, tampoco recuerdo verle presumir de nada… todavía un compañero suyo se acuerda y de cuando en cuando deja algo en la puerta de su casa; lo último, una caja de melocotones, de esos que se consideran destrío cuando uno hace la compra y no se aceptan de buen grado. No me cuesta mucho remontarme en el tiempo y verle llorar, tartamudeando al saber la noticia. Aun así, al día siguiente apareció por allí, y junto a su mujer nos acompañó un rato; por supuesto no dijeron nada. Se sirvieron de ese estar y no salirse de la raya. Eso sí que son economías circulares, políticas fronterizas o venderse humo del bueno: es la rendición extraordinaria. Toda tu puta vida preguntándote si de verdad sirven para algo, y tener que depender del valor de unos melocotones desiguales y con arrugas, necesarios de todos los silencios.

20
Jul

NOTICIAS-Buscadores de señales

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