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Lo recuerdo como si fuera ayer. Eso sí que fue un discurso motivacional, lo que precisaría yo; este sofá que lo llena todo y yo ya tenemos toda la magia que necesita mi interior. Quiero volver a tener la capacidad de imaginar un mundo mejor, saber que es mi momento: esa unidad mística presente en lo profundo de las cosas que me falta. Esto está empezando a ser como lo de beber agua cuando te desangras, que por mucho empeño en tal vulnerabilidad, centímetro a centímetro es como vivir el antes de morir, desentona, reprueba… muchas voces y una en el centro de la diana.
Sin milagro sigo ingenua que no hambrienta. Así no es posible hacer nada grandioso que me entusiasme. Quizás esté ya en el infierno y no sea tan malo, y lo de la adversidad sea esto: no tener ni secretos o lamentos. Soy tan libre que hasta los consejos de ancianos me parecen útiles, dan juego.
Por lo menos caí hacia adelante… fuimos héroes el todopoderoso sofá y yo, llevaría mil y pico intentos hasta que me salió. Y no dejé a nadie atrás, nadie. Claro que este ha sido en un día de diario; mi jefe debe estar echando pestes. Ya me sé su discurso, que no lo que más daño me hizo. Ni lo extraño:
-¡Niña!, has sido tú la que me has hecho correr riesgos. ¡Al infierno! ¡Despedida!
El caso es que tras aquello cualquier día es como un mal fin de semana. ¿Estaré sobria?
Amor dormido, pleno amor.
Ya se alargan las tardes;
los tréboles nos vuelven.
Ese hondo sueño del verano queda aciago,
y ni a media voz se piensa en la salvación.
De la nueva primavera aún nada,
nos queda un invierno, todo,
y las melenas del otoño.
¡Cuán advenimiento!,
el que yo fui y te espera.
Hay tan poca plenitud,
luz nada más, que rodeas
y subyaces insomnio.
Trébol, trébol,
trébol desnudo:
extraño.
Y delicias…
¡Qué poder más soberano!
El mar es un olvido,
delicada masa.
¡Cuán raudal fantasma!,
¡cuán olas arrastras!
¡cuán espaldas!
Piedra, papel,
madera.
¡Cuán carne recuerdo!
Ahí, remoto,
noble.
La habitación del pánico… Me río yo de su pánico, ¡y que la primera vez!… Tiene que entender una cosa antes de nada, y se lo haré ver bien clarito: hay gente más solitaria y ocurrente. No sabe lo que le espera a ese de tan alta cuna. Ni concentrarme en leer puedo de lo que le va a doler de gusto.
Va a vivir sin permiso una temporadita… O quizás no, lo mismo hasta ni ignoramos la debilidad detrás de ese bocado de realidad y el uniforme. Ya que estoy seré muy, pero que muy extraña, ¡sí!, el compromiso marca la diferencia… hasta me veo de secretaria de dirección en su ejecutiva como lo haga sudar de lo lindo: una promesa es una promesa, eso dijo. ¡Total!, lo niego todo, incluso lo que veo, como cualquier ciego que se precie.
¡Qué bueno y qué malo era!, se podía escuchar el silencio de la nieve entre sus venas. En esa urna seguía sonando igual. Sólo deseo su propio bien.
Y eso que era del tipo máscara de hierro. Yo siempre suya, y él con su orgullo cegado… A mí nunca me faltó ese pecador… No es ese el trabajo más solitario del mundo. ¿A qué viene el ir luego a decirle un salmo y prender una vela?… Tal vez los demás hayan confundido ese amor nuestro con sus lejanías pero al diablo que renunciaron era su padre. Ojalá se dejen orientar y no lo castiguen más: aún les queda la peor parte.
Ese tipo era un lobo, prefería morirse de hambre antes que cometer un error. No encontrarán nada esos extraños. Lo debieron querer antes.
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