Pedro Belmonte Tortosa

14
Oct

Tanto como que amar es un acto

13
Oct

Algo humano

12
Oct

Siendo el dinero verde

12
Oct

Como la vida misma

Le gustaba ir a los museos porque había gente de todo tipo, y porque las preguntas tenían sus colores, sus olores, formas y sonidos, como la vida misma. Personas que se supone querrían a alguien, o cuando menos serían queridas con toda la fuerza y el coraje. 

Lugares donde nada de lo que sucedía se olvidaba, incluso si ya no lo recordabas de primeras, porque siempre que se veía lo que uno quería y sentía le volvía a gustar como la primera vez, justo como la vida misma. 

Espacios donde cada persona necesitaba su tiempo, también como la vida misma. Tiempo irrepetible y tiempo irreemplazable, como el querer.

Otra cuestión es que se pudiera ser bueno a solas, por más que se amara; o que se estuviera bien, y todo lo pareciera, dejando que los días nos llevasen a su antojo. De ahí lo difícil de encontrar a alguien con quien estar y con quien poder transmitirse apoyo, respeto y todo tipo de sentimientos. Estados de ánimo, más bien. Una suerte inesperada, la de dar con ese cuadro de persona… y saber mirarse y tenerse con todo tipo de colores, olores, formas y sonidos, incluso cuando ya no se recordase el querer, y hasta cuando cada cual necesitase su tiempo de amar.  

11
Oct

Aquellos hombres duros, y mujeres también

10
Oct

Donde cada cosa era lo que tenía que ser

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