-Termina lo que empezaste y después haces lo que quieras– me dijo.
Yo no quería, estaba agotado, fuera de lugar, muy desanimado… Sin ilusión… Pero lo hice.
Y ahora, ese lenguaje chato del poder. Extraños.
Boca abajo el peso del todo no me deja descansar. Boca arriba no dejo de mirar a todos sitios y ninguno.
¿Cuál es mi pertenencia?, ¿se puede construir?
De un lado sueño, del otro me mareo… Distante, ofuscado, giro y giro. Y me corrijo más si cabe. Nada es previsible. Lo de hacer el pino ni lo intento. Ponerme en cuclillas menos aún. Presido restos.
¿Y si aún fuéramos extraños?
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