Pedro Belmonte Tortosa

4
Jun

Siempre mejor

-Essien, el más tonto tiene una fábrica de pañales ¿no crees?, yo alucino.

-Sí, eso parece- afirmó el otro.

-Lo echo de menos- se abrió de nuevo Essien, recalculando.

-No sé- observó Keita.

¿Cómo que no sabes?– preguntó de primeras Essien.

-No sé… me llaman indio.

-¿Indio?- preguntó.

-Sí, indio.

-Pero si tú no eres de esos sitios- se medio conmocionó.

-¡Ya!- exclamó Keita, encogiéndose de hombros.

-¿Entonces?- le quedó la duda a Essien.

-No sé- retornó el otro con ese instinto.

-¿Y?- volvió en el mismo momento Essien.

-No les digo nada.

-¡Puff!, yo alucino. Y se ponen hielo en la cabeza.

-Sí, el más tonto tiene una fábrica de pañales, ¿no crees?

Vaya que sí– subrayó con frescura en ese momento crítico.

-¿Y?- saltó Keita con otro zarpazo.

-No sé, será porque se echa de menos. A mí una vez me llamaron bosquimano.

-¿Cuándo?- descargó Keita volviéndose a arrancar.

-No sé, no sufrí demasiado.

-Lo mismo es que no saben de dónde son- basculó sin perder el sitio.

-Sí, extrañarán– no le cambió el paso Essien.

-Pues no queda tan lejos.

-No, mira allí… todo recto- señaló Essien con la zurda.

-Bueno, todo empeora antes de mejorar- determinó viéndola salir.

-Teníamos que intentarlo todo.

-¿Y es que no lo has hecho Keita?- hormigueó.

Hay que tener el deseo– afirmó Essien.

Y ese más sí interior se le hizo un mundo a Keita, que no quiso poner contra las cuerdas a su colega.

 

1
Jun

Incierta gloria

Aquello que creía desear me hizo reaccionar. Me dejaste a medias, extraña, como casi siempre. Y vieja, era vieja. ¡Mírame ahora! ¡Mira si tienes narices! ¿Imaginas algo mejor? Ni el oro mi vida… ¡Y te extrañaba que bebiera!

Bien, aprovecha esta segunda oportunidad, no te quedan más bazas que jugar. Ten en cuenta que me siento más bella, y no negaré que me tienta bastante seguir así… Y hoy estoy ante ti no para regocijarme por la máquina del tiempo, sino para decirte que me prepararé el té como me dé la gana gilipollas… Y que sepas que no te he quemado por respeto.

25
May

No pierdas tiempo

Despilfarrar a manos llenas, ¡si es que es la típica historia! Infringe las normas, ten línea directa, déjate de rodeos cariño; y vístete para los condenados… Todos. Que sean ellos los presos que quizás haya más que coincidencias… ¡Pufff!, no llegas al delito y ya me arrepiento…

Sigo en ese régimen de medio esclavitud preciosa, confeccionando la ropa para cuando volvamos a ese valor tan complejo de vestirnos con un único y sentido abrazo mi vida. No te espero pero te quiero… ya ves, sigo de aquella manera, con mis principios voluntarios. No escarmiento… Tenía sentido lo que decías, sí, claro, ¡cómo no!, pero te prometo que no pienso mal de aquella conductora. Aquel ¡cuidado! sonó tan tuyo y extraño.

21
May

Autocomplacencia

-Se podía haber hecho. Dios me mantuvo con vida para traerla a ella al mundo, ¿verdad que sí?

-¡Vamos!, ¡espabila!- creí escuchar. ¡Oh Dios mío!, ¡qué pena!

-Tiene buenos pulmones- me dijeron cuando estábamos conociéndonos todos, y eso que no estaba para bromas. –Tú de eso no te acuerdas mi vida… Chisss. ¿De ella sí verdad?, ¡qué pena chiqui!

Nunca debimos mezclarlo todo, se le notó algo patoso por mucha experiencia que tuviera. Sólo se había tomado un café esa mañana, ¡tan médico como era!; me lo dijo su enfermera. No sé por qué fui allí.

¡Joder! ¡Sólo quería ayudar! -¡Quédate ahí!- le dije. –No te acerques. ¡No! No. Me falta una.

-Es hora de volver a casa- contestó muy suyo. –Estas cosas son así mí vida, juntos lo superaremos- insistió tu padre. –No había tiempo- se descargó.

-Tiempo, tiempo. Tiempo el que tú y yo tenemos mi vida.

-…Chisss…eh… loa, loa, loa mi vida. Duérmete chiquitilla. Duérmete.

…Chiquitita dime por qué… Chiquitita tarara… rara… rara… A ti no te extrañaré.

18
May

Nuevas tierras

Todo presunto: despoblación; cercas vacías; relaciones de cariño; vernos; abrazarnos; gritos; discursos; baladas… ¡y bueno!, no tenemos otra posibilidad. Es el minuto a minuto de los afanes por normalizarlo todo. ¡En fin!, otra sociedad de delitos penados por los que pueden hacerlo, con olores de todo tipo, reveses y… ¡ahhhh! haría lo que fuera por recuperar ese minuto.

Ufff, vine caminando sola. Supuse que ya estaba. A las seis de la mañana asesiné todo lo que había en el jardín. ¡Maldita sea!, ni había búfalos, ni lobos; ni comida. Cogí todo, tenía hambre… hasta que fue sufiente y me llené.

Él sabe donde guardo mi medicina… Lo hacía bien, casi como lo hacía mi madre. Y no me pedía que le diera las gracias. Ellas tampoco; nunca le juzgué por lo que hizo. Tampoco quise saber la cruda verdad. Es lo mejor que conseguimos: no hacernos preguntas. Un -¿cómo estas?- y se metió en mi vida. Sólo hizo eso, liberarme, sacarme… Incluso le afeité aquellas mañanas antes de que creyese que le tocó la peor parte… Yo también las echo de menos. Estoy hecha un lío. -¿Tú qué harías?, ¿con qué pruebo?- le preguntaría. Eran buenas chicas, y los buenos chicos no lo son por casualidad. Es la realidad… ¿Qué más podrías enseñarles?, ¿sabrán lo suficiente?, ¿seguirán siendo unas niñas? Tal vez mañana… Sí, una acampada es una buena idea. Hoy están de acampada, les encantará saberlo a sus compañeras, se lo diré a la profesora. Sí… Tendré cuidado al dar marcha atrás. 

Ohhh, están guapísimas. Las echo mucho de menos. Deben estar contentas viviendo con su abuelo… ¡Dios! ¡Dios! ¡Dios!… ¡Hasta las flores se me vencen! Sólo sirvo para estar de visita y llenarme de extrañezas.

13
May

Mano tendida

Mano tendida

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