La música es buena para la melancolía, aún más, restituye; pero no nos echa a la calle. Tiene puertas que impiden que todas las niñas o adultos seamos curiosos, porque soy de todo, sí. Tanta reacción instintiva del –¡tenemos un defecto!, ¡tenemos un defecto!- que no nos damos cuenta. Ponerse de todo es mejor que cualquier cruce de correos ´subidito´ o servirse de monopolios. Fui a América y llegué nueva, en nada extraña ni sobrepasada, pero lo mismo si hubiera ido a comprar el pan aquí al lado. Tanto con público como sin él soy mi mejor pensamiento. Cuando las palabras son algo más que palabras, una/o no sopesa hostigamientos ni recuerda las cosas que hemos visto: se quiere el dulce malhechor. Y es algo indefinible… Hoy llevo tacones, ayer zapatillas, el caso es dejar al hombre/mujer sin pasos, fantasear y dar vueltas y vueltas, que la luna siempre sangra por su lado más oscuro. Ése es mi bien común, la brújula de los cuatro nortes y todo.
Antes de tener miedo a ponerme o quitarme algo ya lo he hecho. Aquellos que quieren controlar mis designios que sigan por el mundo subliminal, yo prefiero ser otra más de esas élites de ausentes que con la suerte de la candidez estamos viviendo guerras diferentes. Todavía hay quien sigue las reglas del sentido común, más lo del «tengo mucho dolor» tiene que terminarse. No hay ropas para los martes ni para los días de coraje o de vergüenza, hay personas muy al contrario, que no es poco. Si vuelvo a escuchar otra vez las mismas canciones mataré, no son sonatas de mujer, son lagunas para gatos moribundos, y yo no soy eso: siempre crece otra piel en la herida… fantasear y dar vueltas y vueltas, ¿o no?
Ya mismo viene Halloween ¡menudo disfraz tengo!, ¿truco o trato?
Pude con el mejor equipo universitario. Guie a un impetuoso ciego de poco más de metro y medio. Conseguí bajar unos kilos de más sin desmoronarme. Cené por espacio de dos horas con un médico que decía hablar sin extrañezas con los pacientes que están en coma. Sé de las anécdotas más indecorosas que les suceden a los masajistas… Y me han despedido por criticar a mi jefe con un retrato exacto de nuestra ´próspera´ sociedad, cansada ya de ser su aliciente y esas alabanzas ventajistas: perversiones. ¿Acaso el pecado no puede ser concebido en un estado natural?
-Tienes la oportunidad de ganarte tu futuro- decían.
¡Total! que una no deja de estar a cuatro patas viendo sin ver, afilada.
-Las niñas de hoy, líderes del mañana- decía mi abuela con el poder de quien no tenía el poder, inmóvil sombra que persistía en los azotes del tiempo.
Al menos yo me muevo, afilada pues.
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Lo recuerdo como si fuera ayer. Eso sí que fue un discurso motivacional, lo que precisaría yo; este sofá que lo llena todo y yo ya tenemos toda la magia que necesita mi interior. Quiero volver a tener la capacidad de imaginar un mundo mejor, saber que es mi momento: esa unidad mística presente en lo profundo de las cosas que me falta. Esto está empezando a ser como lo de beber agua cuando te desangras, que por mucho empeño en tal vulnerabilidad, centímetro a centímetro es como vivir el antes de morir, desentona, reprueba… muchas voces y una en el centro de la diana.
Sin milagro sigo ingenua que no hambrienta. Así no es posible hacer nada grandioso que me entusiasme. Quizás esté ya en el infierno y no sea tan malo, y lo de la adversidad sea esto: no tener ni secretos o lamentos. Soy tan libre que hasta los consejos de ancianos me parecen útiles, dan juego.
Por lo menos caí hacia adelante… fuimos héroes el todopoderoso sofá y yo, llevaría mil y pico intentos hasta que me salió. Y no dejé a nadie atrás, nadie. Claro que este ha sido en un día de diario; mi jefe debe estar echando pestes. Ya me sé su discurso, que no lo que más daño me hizo. Ni lo extraño:
-¡Niña!, has sido tú la que me has hecho correr riesgos. ¡Al infierno! ¡Despedida!
El caso es que tras aquello cualquier día es como un mal fin de semana. ¿Estaré sobria?
Amor dormido, pleno amor.
Ya se alargan las tardes;
los tréboles nos vuelven.
Ese hondo sueño del verano queda aciago,
y ni a media voz se piensa en la salvación.
De la nueva primavera aún nada,
nos queda un invierno, todo,
y las melenas del otoño.
¡Cuán advenimiento!,
el que yo fui y te espera.
Hay tan poca plenitud,
luz nada más, que rodeas
y subyaces insomnio.
Trébol, trébol,
trébol desnudo:
extraño.
Y delicias…
¡Qué poder más soberano!
El mar es un olvido,
delicada masa.
¡Cuán raudal fantasma!,
¡cuán olas arrastras!
¡cuán espaldas!
Piedra, papel,
madera.
¡Cuán carne recuerdo!
Ahí, remoto,
noble.
La habitación del pánico… Me río yo de su pánico, ¡y que la primera vez!… Tiene que entender una cosa antes de nada, y se lo haré ver bien clarito: hay gente más solitaria y ocurrente. No sabe lo que le espera a ese de tan alta cuna. Ni concentrarme en leer puedo de lo que le va a doler de gusto.
Va a vivir sin permiso una temporadita… O quizás no, lo mismo hasta ni ignoramos la debilidad detrás de ese bocado de realidad y el uniforme. Ya que estoy seré muy, pero que muy extraña, ¡sí!, el compromiso marca la diferencia… hasta me veo de secretaria de dirección en su ejecutiva como lo haga sudar de lo lindo: una promesa es una promesa, eso dijo. ¡Total!, lo niego todo, incluso lo que veo, como cualquier ciego que se precie.
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