octubre 2016

11
Oct

Competición

Uno empieza la semana peor que si la acabase de terminar. Se deja pasar algo de tarde haciendo noche engañándose a sí mismo. Es el comer, merendar, cenar igual que el desayunar; todo sabe a todo. Hasta nos apuramos por hacer deporte cual placebo de cabezas y cuerpos enconados. Corres, saltas, brincas,… espalda con espalda. Algunos hasta se hacen brechas de tanto tomárselo en serio, los menos se asfixian (pocos cuerdos pero los hay, eso sí, parecen atrofiados). Se ven las noticias y los mensajes a medias, ordenamos ese nuevo martes. Las sábanas ya parecen ocres y saben a un verde marchito. Se buscan los aromas que no están estando. Y el ruido viene del poco espacio. La luz se apaga y se enciende…

Ruin, no se deja de competir. Lavamos la taza del desayuno tan aprisa que esa misma sirve para postres y la cena. Postres que son carnes, verduras, legumbres. Mediodías que empachan y siguen sabiendo a cualquier hora. No dejamos de prendernos cuales extraños.

5
Oct

Lo que sea

El valor de una fecunda y plural actividad ha de contener lo excepcional… A su manera se arraigó a su solidaridad y continuó en su vaivén, obviando mis indicaciones; yo, también. A veces pensé que había demasiado convencimiento.

Ahora pienso que a lo mejor no es que no supiera o no quisiera, y eso que sé muy bien que las máscaras se usan para proteger a los que te importan cuando uno trabaja solo, pero por otros motivos, precisamente para no darnos al fracaso absoluto de la exigencia y sí guardarnos una esperanza relativa, fue algo edificante, y también hartazgo, porque creamos sin que yo fuera nadie, creo recordar… El caso es que:

Me toco y te tocas. Me tocan y lo sientes. Te acercas y me elevo. ¡Bajo y subes tú! Estoy, estás. Estuviste y aquí sigo. Me fui y me seguiste… Volví a irme, a verte y a no verte. Viniste a buscarme, mirándome y sin mirar. Tú, yo, él, ella… Y todo, partiendo de ser extraños.

4
Oct

Sus guerras no han hecho más que empezar

1
Oct

Sabores de un sueño

Pudiera ser que los estorninos sepan si los ángeles están tristes, pero no lo dicen. Ello, unido al poco valor de los vicepresidentes o quienes ostentan cargos de relevancia en segundos términos, en esta sociedad donde el dinero y la información es lo que más comunica, a uno le llena de reflejos tal que las motas de polvo pueden hacerse imprescindibles. Todo llega a su fin, aunque por entre esas presencias siempre se nos vislumbren ecos, nexos, lazos.

Una bici sin ruedas no es una bicicleta. Un coche sin asientos no deja de ser mecánica y chapa. Y circunstancialmente o no, hemos convertido los muchos tipos de hambre en parte de lo socialmente aceptable, aullidos sin dedicatorias. Los detalles importan casi más que las trampas.

No sé. Si se protesta, a lo más que se llega es a mezclar lo religioso con lo profano, convirtiéndolo todo prontamente en una subasta de figuraciones y realidades a conveniencia, pero ¿acaso quieren hacernos creer a los ciudadanos, unos y otros, que toda demencia es sobrevenida?Quisiera de esas otras variables, de quienes por trabajo tienen otras percepciones, dando equilibrio como para compensar esas opresiones de los círculos de poder. En alguna ocasión me creo hierro, corroyéndome infame. A este paso, pájaros o no, todos vamos a ser extraños.

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