Hace unos días recibí una crítica/comentario sobre el libro que publiqué, de momento como edición limitada: La Francotiradora de su Tía.
Era de un compañero de trabajo, buen lector y alguien muy versado en letras, que definió el libro como un fogonazo entre dos nadas. A veces el fogonazo dura lo suficiente para iluminar el camino a seguir, otras sólo consiguen rutilar el tiempo exacto que justifica su oscuridad.
Siendo así, fue a por el título, por aquello del carácter fulminante, extinto y oscuro de La Francotiradora de su Tía como si necesitase interpretar su génesis, su glosa aclaratoria, su motivo y razón. Luego con el cuento, los microrrelatos, nanorrelatos y aforismos.
Quedó impactado, conmovido, aturdido por el ruido infernal -decía-, asistido impagablemente por ilustraciones inductoras, tal vez traductoras.
Efectivamente, el libro trata de un acertijo desesperado llamado vida. Un libro elegante. Es un todo y un nada, surgió para contextualizar pensamientos y probar con otras composiciones, rastros de una huella que habita el instante; juegos de la edad tardía.
Aún pueden documentarse sobre el mismo,
La tela no dejaba pasar su respiración, le picaba la piel, la cara, todo. Era como si su vida hubiese…
Él cerró con fuerza los párpados y se tocó la frente; después le colocó el mechón de pelo detrás de…
Eso es el dinero, la sustancia que vuelve real al mundo. Y hay algo tremendamente corrupto y excitante en ello.…
...rendición, cerró el maletero y los despidió agitando la mano.