Lo de ser una persona muy feliz, romántica y dulce no iba con ella. Si bien, la vida brindaba esos momentos de felicidad a pesar de todo.
Él la oyó respirar en mitad del silencio, y como si hubieran sido compañeros de instituto de una pequeña ciudad costera, pero ahí acababan sus parecidos.
Permitirse esa atracción hacia alguien que jamás encajaría en su mundo fue su error menos grave. Y lo de negar con la cabeza con gesto ambivalente sucedió demasiadas veces. Con el tiempo los dos se sintieron mal. Daba la impresión de que la gente hacía cosas sin sentido ante el dolor, o era solo porque la vida humana carecía de sentido, y esa era la verdad que revelaba el dolor.
Eso sí, ambos dejaban la puerta del dormitorio abierta, con la fuerza del deseo más extenuante contenido, y eso que les separaban dos mundos, dos países, dos culturas, dos familias. Atrapados entre dos lugares, donde tampoco terminaban de encajar, y así toda la vida desde que ella levantó la mirada y él la vio… hasta que supieron que ya no podían alargarlo más.
A sus familias les sonreían con aire distraído. Las cuales se hacían las tontas por no haber adivinado lo que les pasaba por la cabeza. De todos modos, quedaba poco para que se volvieran a reencontrar, y les encantaría que pudieran quedarse el uno con el otro. Ellos se dejaban hacer, como si les hubieran ganado la discusión. Ya nunca más tendrían que fingir, les gustase o no tanto a la gente, en términos de intereses y demás.
...también tenía su propia belleza: tal día hicieron dos veces el amor. Quería mirarle a los ojos cuando naciera su…
A la mañana siguiente le dio un beso de despedida en la boca. Cambió las sábanas, puso la lavadora y…
Después de la fiesta de la anterior noche, empezó a contarle lo de su familia. Él no supo cómo reaccionar.…
La tela no dejaba pasar su respiración, le picaba la piel, la cara, todo. Era como si su vida hubiese…