Perdió la noción de los días, porque al fin y al cabo poco le importaba el tiempo, teniendo en cuenta que había entrado en el flujo de conciencia de ella, quien desde que despuntó el día se sumó al viento, la vida en tiempo real, gozando innegables desandando lo andado.
Sin duda alguna, el viento y ella habían acudido en su ayuda y la del agua, viento que aportaba ingentes cantidades de arcilla y arenisca que trazaban dibujos que parecían fruto de la imaginación de un pintor desquiciado.
La segunda imposición, al parecer ineludible, a la que le sometieron fue abandonar sus armas, pero antes de decidirse a hacerlo, visiblemente amoscado, terminó el encargo como señal inequívoca de que no iba a su aire.
El jefe, uno de esos tipos inquietos y mala bestia que se hizo pieza a pieza, ya con la edad de jubilarse, era capaz de la bestialidad más repugnante, cruel y salvaje que nadie podía imaginar, máxime siendo su hija.
Una semana más tarde, la manada emprendió el camino de regreso a un hogar que no sabían dónde estaba, ni…
Se encontró con ella en la estación, el Titanic de las Montañas, y después de no haberla visto en dos…
...aquel rostro sonreía o reflejaba una tristeza inmensa o una indiferencia total. La historia interminable
Él seguía retumbando a través de la oscuridad. Pero también los edificios parecían absurdos, como si tuvieran las puertas en…
Lo de ser una persona muy feliz, romántica y dulce no iba con ella. Si bien, la vida brindaba esos…
...también tenía su propia belleza: tal día hicieron dos veces el amor. Quería mirarle a los ojos cuando naciera su…