Él seguía retumbando a través de la oscuridad. Pero también los edificios parecían absurdos, como si tuvieran las puertas en el tejado, escaleras a sitios adonde no se podía llegar y que acababan en el vacío. Hasta puentes cuyo arco se interrumpía de pronto.
Las mujeres no, solo que algunas sí que hacían tonterías, como lo de intentar pinchar guisantes con agujas de zurcir, sofocarse por nada o estar todo el tiempo con la carne de gallina por no abrigarse bien.
Y un hombre gordo intentando pegar sellos de correos en pompas de jabón, estallándole las mismas, claro.
De pararse a pensarlo, habría que admitir todas las historias y todas las vidas; difícil de comprender tantas contradicciones. Eso, o mudarse con frecuencia.
Hubo un tiempo en el que la cubertería de plata era de oro. Se cuidaba juntos del valor de nuestro…
Se había enamorado de quien no podía tener. Corría el peligro de convertirse en una buena mujer. Una puta que…
Tenía una herida muy grande. Más aún le faltaba tiempo para medir la vida por décadas que no por años.…
Quienquiera que fuese, había exhalado el último suspiro a los veinticuatro años persiguiendo el sueño de continuar teniendo siempre veinticuatro…
Perdió la noción de los días, porque al fin y al cabo poco le importaba el tiempo, teniendo en cuenta…