Se encontró con ella en la estación, el Titanic de las Montañas, y después de no haberla visto en dos meses y medio, por referencias se animó al ver lo guapa que estaba, con un tono más oscuro por el veraniego sol y sus sobresaltos de aquel archipiélago que los presentó.
Ella y su vestido anaranjado, lo que añadía otra nota de color con una facilidad pasmosa; más el moño de bailarina era correcto, la velocidad no tanto.
La muchacha tenía espíritu, mujer más bien. Chica lista y orgullosa. Su hermanastro se lo iba a decir, ya no se lo podía callar, dispuesto a concederle el beneficio de la duda, aunque los análisis no dejarían duda. Si bien una curva puso fin a ese estilo tan frenético y a las preocupaciones.
La que sobreviviría fue la pequeña, sin duda un mañana más instructivo y satisfactorio, un porvenir de más tardes y posiblemente incluso noches. Los abuelos, siempre con dudas y aprensiones, nervios y más nervios, y de no haberlo sido, peor aún.
...aquel rostro sonreía o reflejaba una tristeza inmensa o una indiferencia total. La historia interminable
Él seguía retumbando a través de la oscuridad. Pero también los edificios parecían absurdos, como si tuvieran las puertas en…
Lo de ser una persona muy feliz, romántica y dulce no iba con ella. Si bien, la vida brindaba esos…
...también tenía su propia belleza: tal día hicieron dos veces el amor. Quería mirarle a los ojos cuando naciera su…
A la mañana siguiente le dio un beso de despedida en la boca. Cambió las sábanas, puso la lavadora y…