Podría haberme dado por resolver crucigramas, vivir clandestinamente, confinarme en verlo todo desde una óptica diferente o estarme quieto. Pero no, un día empecé, y si alguna cualidad tengo o creía tener, es que soy pertinaz conmigo mismo. Quería saber dónde coño estaba, qué había sucedido en mi vida, quién era yo y todo ese entorno… Y me dio por escribir El libro de un cualquiera. Ya nadie me lo podía leer, mancillar o quitar. No podía perder más.
¿Qué es justo y qué no es justo?, ¿quién lo decide? Lo suelto así, sin más preámbulos, porque a lo largo de tantas líneas, realmente uno no controla ni su respiración. Los collares de perlas, hacerse de rogar e incluso psicoanalizarse no son más que la prueba de que uno está cansado cuanto todo se reduce a intentar mantener cierta estabilidad consigo mismo.
La tela no dejaba pasar su respiración, le picaba la piel, la cara, todo. Era como si su vida hubiese…
Él cerró con fuerza los párpados y se tocó la frente; después le colocó el mechón de pelo detrás de…
Eso es el dinero, la sustancia que vuelve real al mundo. Y hay algo tremendamente corrupto y excitante en ello.…
...rendición, cerró el maletero y los despidió agitando la mano.