A los milagros hay que llamarlos

Booktrailer

¿Qué es?

La esperanza pese a todo. La vida de unos limeños llegados a Madrid capital para salir de sus herencias, sobreviviendo por entre el ruido, las formas de amar y lo que les habitaba en los sueños. Gentes que se hacían su hueco por entre las bandas latinas, clanes y esos vericuetos, mientras se enfrentan a su propia brújula moral.

Llegados sin familia. Mujeres e hijos y demás, muertos en Perú. La Lima de fuego cercada. Taxistas para cuyo diario central era el trabajo, después llenarse el poco tiempo, cumpliendo, que A los milagros había que llamarlos, estando unidas la vida y la muerte indefectiblemente. Con ellos se conoce ese gremio, otra parte de Madrid; se come bien, muy bien, y se visita el mar de la primera vez como premio y misericordia, pagando el silencio (los policías pisándoles los talones).

Todo, como si tuvieran miedos más grandes. Y ellas, putas o no, gustándoles los hombres que hacían daño al abrazar. En Madrid, el Estados Unidos español. Una filosofía de vida para sobrevivir en el siglo XXI.

 

¿De quién trata?

De esos taxistas y sus compañías y perseguidores. De Telesforo de Miguel como protagonista, primo de Chico Cruz, que le precede en la organización y la Colonia de los Taxistas, donde residen. Chico se hace llamar José Ignacio González en España. Ambos originarios de Lima (Perú). Al igual que Tata, otra peruana de pro, ya bastante mayor, viuda y sabelotodo que regenta un bar y no se sabe qué más.

Alejandra Bilbao es la novia de Chico, el jefe. Rosa la querida de Telesforo, la cual tiene dos hijas, una (Belén) se hace miembro de las Chelsea Girls. Un grupo de mujeres que lo dan todo por sus hombres. Mari Pau es la voz del radiotaxi. Para que los clientes como Lucas Diosdado, Federico, Gustavo, María San Juan, Perlines u otros sigan con sus cirugías plásticas, conferencias y empleos varios. María Tirado es la policía que más se les acerca.

Así como el capitán Mauricio, el capitán John Jones, la psicóloga Olmedo y otros psiquiatras. El capitán Medina es amigo del padre de María, y quién sabe si del Juez Blanco, mentor de Expósito (novio de María). Unos y otros de infancia complicada.   

 

 

¿Cuándo se desarrolla?

Durante el último semestre del 2024, paralelo al verano y las tomas de manifestación de los investigadores al clan, banda o lo que fuera de los taxistas.

Se empieza con las Olimpiadas de París, los bares que frecuentan y poco a poco se va descubriendo ese aluvión poblacional.

 

 

 

 

¿Cómo se trabaja?

Chico y su primo Telesforo De Miguel manejando. La gente se moría, pero eso era vivir. A través de ellos se conoce a sus familias, así como a los clientes de los taxis.

El propio gremio del taxi se extracta, no menos la conflictividad de los barrios y sus distritos; afloran personas que se dedicaron a la política, otros que ejercían la medicina, mujeres que eran madres, hijas que no sabían la verdad de sus padres, jueces de lo penal con vidas propias y ajenas, novios, queridas, una perra llamada Ellie, y todo con un urbanismo ajeno a lo anodino e impersonal.  

 

 

¿Dónde sucede?

En Madrid, que era donde más se pensaba en el mar (y su perdón). Y donde había mucha presión en las personas mayores, una positividad tóxica; pareciera que teniendo la culpa por no estar bien. Solos, enfermos, o sin apenas dinero para comer.

La capital de la felicidad de las mujeres, que también. Buena o mala. Colonia de Taxistas en donde a veces se pensaba que lo peor sería que hubiese otra vida y que fuera como esa.

Demasiada gente con demasiado, y demasiados con nada. Perú no tan lejos, o las playas españolas, visitadas en ruta por ellos.  

 

¿Por qué?

Porque la gente necesitaba señales para creer en su propia fuerza. Otros amasar poder y forjarse una leyenda. Sin desdeñar las sexualidades. Personas que sabían dónde mirar cuando nadie los miraba.

Y vecinos que pedían ayuda a gritos para seguir siendo eso. Y poder alimentarse, salir de casa, que sus hijos tuvieran una buena vida, su familia, amor.

No tener que vivir en el miedo ni lo que era peor: en un perpetuo secreto por cuando decidieron ser padres y madres. Que, había secretos inconfesables. A esos limeños se les apodaba los Chales. Eran un clan, una banda, una familia que sabían que amar desde el dolor siempre resultaba mucho más difícil.  

 

 

 

 

 

¿Para qué?

Porque siempre fue bueno conocer los oficios. El taxi siempre fue un sector muy receloso, sabedor de los olores y las miradas, de la libertad sexual, del rumor del oleaje, de los principios de la decencia. Siempre fueron lo más cercano a un héroe a pesar de los riesgos y los prejuicios.

Un taxista conocía el lenguaje gestual, dónde se había dormido, cómo les iba la vida a los clientes. Si se era de un sitio u otro. Culpables e inocentes, jueces incluidos, de todas las edades.

Algunos espantando su mal, o intentándolo, haciendo pájaros de barro. Otros, en cambio, sabiendo que no se cazaban lobos mirando dónde debían estar, sino dónde habían estado, que había pasados que no debían repetirse ni como caricatura. Se tratan los adoptantes y adoptados.

 

 

¿Qué formato se aplica?

Se escribe en prosa manejando la prisa y el bullicio de un espacio obrero y urbano, sirviendo Madrid, sus toldos verdes, los taxis y los migrantes como postales de otro patrimonio, dado que quien no tenía cabeza había de tener pies.

La juventud esperando siempre una llamada que nadie le iba a hacer. Y los hombres no pudiendo llevar dos sombreros.

 

En el Madrid de la prisa y el bullicio de un espacio obrero y urbano se habían instalado unos limeños escapando de su Perú, dándose al taxi y a otros negocios, siendo lo más cercanos a héroes que podían darse en esos tiempos.

Regalaban viajes al mar. El mar de la primera vez para la mayoría de sus vecinos. Así sentaban los principios de su decencia, de su ley. Cuidaban, para que les cuidaran y que nadie abriera la boca de más en ese aluvión poblacional de la Colonia de los Taxistas, y otros tantos, con un urbanismo ajeno a lo anodino e impersonal.

Llevaban la guerra como herencia. Habían perdido a sus familias. Si bien, aparentemente no tenían rencor ni nada por el estilo. Se dedicaban a trabajar a los órdenes de Chico, quien les mandaba, dentro de esa organización de barrio, que era mucho más que taxis y hacer peonadas de mudanzas, limpieza o lo que surgiese con tal de estar ocupado y ganar dinero, manteniendo a raya el dolor del pasado. La policía tomándoles manifestación día sí y al otro también.

Se habían hecho con el espacio de las bandas latinas, o similares. Tan cerca, y tan lejos, pues cada cual tenía su territorio y humanidad. Modus operandi que incluía encontrar el camino hacia su libertad sexual a pesar del riesgo y los prejuicios. Amasar relativo poder les permitía abusar de ellas, tenerlas para sí: las Chelsea Girls. Solo que también manejaban las tórridas relaciones extramatrimoniales quienes las tenían, a algunas habiéndosele rajados los labios de tanto gritar sus nombres (el dolor y la sexualidad como centro de la virtud).

En definitiva, eran migrantes que tomaban decisiones difíciles mientras se enfrentaban a su propia brújula moral. Con la gente necesitando señales para creer en su propia fuerza. Adolescentes, matrimonios en ciernes, jubilados, empleados sin hogar y de todo un poco. No era fácil estar solo.

En el mar, eso sí, quien escuchaba su mal oía, aceptando el amor que creían merecer. Para ellos, ir al mar era como pedirle perdón a las mujeres que amaban, como si se mirasen en el espejo de un recuerdo.

A veces, pensando que lo peor sería que hubiese otra vida y que fuera como esa, porque había demasiada gente con demasiado, y demasiados con nada. Sobre todo, para quienes sabían de la naturaleza del amor y de la felicidad de las mujeres, y como si tuvieran miedos más grandes.

En Madrid, donde las cosas no eran importantes porque existieran, sino que se existía porque alguien pensaba en ellos. Los Chales, un clan, banda o lo que fuera. Pues, cuando Dios desaparecía de la ecuación no había mucho más por lo que ser buenos. Y sí: A los milagros había que llamarlos. Un Madrid donde no les era difícil mantener la continuidad y los hechos que otros habían creado, jueces incluidos (de los que sabían que la gente mataba por un montón de razones).  

 

Lima
Chico Cruz
Los Chales
Telesforo de Miguel
Chelsea Girls
Taxi
La Madrina
María Tirado
John Jones
La psicóloga
Capitán Medina
Alejandra
Tata
El mar
Brigada de Información
Cercedilla
Niña Buena
Policías
Juez Blanco
Fleur de Lis
Líder
Sentimientos
Cliente Lucas
Vicuña
Soledad
Madrid
Telesforo De Miguel:
  • Taxista
  • Antes recepcionista en Lima

El Primo (Chico Cruz) José Ignacio González:
  • Odiaba a todo el mundo
  • Novio de Alejandra

Alejandra Bilbao (novia de Primo)

Rosa:
  • 17 años mayor que Telesforo
  • Madre de dos hijas, y divorciada dos veces

Mari Pau (De María)
  • La emisora de los taxis

CLIENTES:
  • Cliente Lucas Diosdado:
    • Cirujano plástico (entrenaba a cirujanos en su especialidad
    • Olor a limpio
  • Cliente Gustavo (Mayor de la Iglesia):
    • Comentaban de deportes
    • Salida a hospital
  • Cliente Federico:
    • Despacho en la Cámara Alta
    • Tipo desagradable
  • Cliente María (San Juan):
    • La Madrina, la llamaban
    • Hijo motero (Octavio)
  • Cliente Perlines (Gracia):
    • Profesor anticlima
  • Cliente Iriarte (De Gracia):
    • Un estratega mundial, y charlatán

María Tirado (policía secreta)
  • La reina de espadas, apodo

CAPITANES:
  • Capitán Medina (Guardia Civil):
    • Ángel. Esposa y cuatro hijas, no manda en su casa
    • Odia a los negros
  • Capitán Mauricio (enlace policía de Lima):
    • Mataron a su esposa e hijo
    • Los domingos noche envían lata de mejillones
  • Capitán John Jones (Pensacola, Florida):
    • Mató al hermano de Chico, y de Paredes
    • El día de Acción de Gracias llama a Mauricio

Tata (Cruz de Dios)
  • Peruana
  • Viuda enlutada que regenta el bar

Juez Blanco:
  • Viste como un mayordomo inglés
  • Tuvo una infancia complicada

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