Podría haberme dado por resolver crucigramas, vivir clandestinamente, confinarme en verlo todo desde una óptica diferente o estarme quieto. Pero no, un día empecé, y si alguna cualidad tengo o creía tener, es que soy pertinaz conmigo mismo. Quería saber dónde coño estaba, qué había sucedido en mi vida, quién era yo y todo ese entorno… Y me dio por escribir El libro de un cualquiera. Ya nadie me lo podía leer, mancillar o quitar. No podía perder más.
¿Qué es justo y qué no es justo?, ¿quién lo decide? Lo suelto así, sin más preámbulos, porque a lo largo de tantas líneas, realmente uno no controla ni su respiración. Los collares de perlas, hacerse de rogar e incluso psicoanalizarse no son más que la prueba de que uno está cansado cuanto todo se reduce a intentar mantener cierta estabilidad consigo mismo.
Le interesaban las personas con sus propios defectos, fracasadas de sí mismas. Y la quería. Era una malquerida que no…
...en tierra de santos y pecadores; demasiado enfermos para mejorar.
La quería por quien era cuando estaba con ella. Y se frenó todo de golpe.
Aparte de los pocos millonarios a los que trataba por dinero, dedicaba todo el tiempo a visitar hospitales infantiles. Sufría…
...ahora ya sabía todas las respuestas. Sucedió en una franja de tierra larga y estrecha con playas a uno y…