Los niños eran los mejores asesinos, no se cuestionaban nada. Tan pronto le pedían a la abuela que les hiciera roscos, galletas o magdalenas, que no podían escapar de las rutinas domésticas.
Por donde ellos había más vidas bajo tierra que en la urbanidad. Ya no resultándolo curioso a nadie que las dos especialidades médicas que más habían crecido en Occidente venían a ser la cirugía estética y la psiquiatría.
Una abuela de las de antes, con arrugas y las tetas caídas, no con dos salchichas por labios, pelotas por senos y la piel atirantada detrás de la nuca. Niños que con ella aprendieron a sentir en días, lo que otros no les harían sentir en años; capaces de todo en dos horas de siesta.
Niños que habían sido reconocidos como hijos adoptivos por parte de las autoridades de la ciudad, en la inauguración de esa nueva zona verde. Y la abuela tan contenta, por fin podría tener una vivienda en propiedad, mucho más cerca del Centro Hospitalario de donde sustraía el cloroformo.
Una semana más tarde, la manada emprendió el camino de regreso a un hogar que no sabían dónde estaba, ni…
Se encontró con ella en la estación, el Titanic de las Montañas, y después de no haberla visto en dos…
...aquel rostro sonreía o reflejaba una tristeza inmensa o una indiferencia total. La historia interminable
Él seguía retumbando a través de la oscuridad. Pero también los edificios parecían absurdos, como si tuvieran las puertas en…
Lo de ser una persona muy feliz, romántica y dulce no iba con ella. Si bien, la vida brindaba esos…
...también tenía su propia belleza: tal día hicieron dos veces el amor. Quería mirarle a los ojos cuando naciera su…