Categories: Extraños (Blog)

Martina, una mujer

Sabía de las expectativas, del carácter de los demás. Cómo le planteaban las cosas, buscaba las palabras, ayudaba. Ella sabía: Martina. Y no hablaba de cosas, hablaba de personas, con sus días y sus trabajos. Creaba espacios, sabiendo que cada cual era distinto. La parte no verbal la adivinaba, y eso que no había piedad cuando se enfadaban con ella por más que tomara distancia. No todas las mujeres podían votar con los pies ni podían escoger un color de pelo, aun así, tomaba conciencia y no daba por sentado las cosas, permitía hablarlas. Sabía que la agresividad no era con su persona, sí con su condición, con su puesto y su trabajo. Decisiones a las que estaba obligada.

Como madre, como jefa, en casa y en la oficina escuchaba de todo: bueno y malo. Con todo y con eso cuidaba del grupo/familia, y la familia/grupo se sentía cuidada/o. Trataba de parecer y ser honesta, íntegra. La pelirroja tenía tarea con su hijo, con sus jefes, con sus compañeros. Necesitaba más anestesia que cualquier otra, eso sí. El propio grupo o la familia, había muchas cosas que no le decían, pero actuaban. No querían una amiga, querían una jefa, una madre, una esposa. Para poder enfadarse con ella, y para poder quererla, ganársela.

Martina era muy atractiva. Y estaba tan cerca de la emoción que debía cuidarla, y darle espacios de cuidado. Solo que aun haciéndolo bien no se libraba de lo malo. Nadie entendió que desapareciera. “Una golondrina no hace verano, ni una sola virtud bienaventurado”, dejó escrito, o se lo escribieron. Castigo de Dios y de los hombres en la Tierra.

Pedro Belmonte Tortosa

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Pedro Belmonte Tortosa
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