De lejos sonreía para sus adentros. Ellas, a lo suyo. Ese, el de la moto, quien jamás echó margaritas a los cerdos. El eco siempre teniendo la última palabra, jodido eco.
De Dios para abajo cada cual viviendo de su trabajo. Ellas, muy bonitas, disfrutando del privilegio en el que estaban. El dinero llamando al dinero, y el buen cirujano operando temprano.
La tela no dejaba pasar su respiración, le picaba la piel, la cara, todo. Era como si su vida hubiese…
Él cerró con fuerza los párpados y se tocó la frente; después le colocó el mechón de pelo detrás de…
Eso es el dinero, la sustancia que vuelve real al mundo. Y hay algo tremendamente corrupto y excitante en ello.…
...rendición, cerró el maletero y los despidió agitando la mano.