Amor es comer con hambre y beber con sed, le dijo él a ella. ¡Sois unos putos locos en tu país!, tuvo como respuesta.
Y la tiró. Para al poco quedarse todo en calma, incluso el aleteo de las pestañas, cual lámina de agua dura.
La niña negra del autobús llegaría a no mucho tardar y se daría cuenta de que no eran solo cosas, lo que le decía su madre en las noches de luz sin sombra.
Por todo lo que no había llorado delante de ella, ese agua lo sumó todo: modales, instintos y centenares de libros marcados con los que templar el sufrimiento y la mirada deshabitada por cuando los labios ya no abrazasen.
Perdió la noción de los días, porque al fin y al cabo poco le importaba el tiempo, teniendo en cuenta…
Una semana más tarde, la manada emprendió el camino de regreso a un hogar que no sabían dónde estaba, ni…
Se encontró con ella en la estación, el Titanic de las Montañas, y después de no haberla visto en dos…
...aquel rostro sonreía o reflejaba una tristeza inmensa o una indiferencia total. La historia interminable
Él seguía retumbando a través de la oscuridad. Pero también los edificios parecían absurdos, como si tuvieran las puertas en…
Lo de ser una persona muy feliz, romántica y dulce no iba con ella. Si bien, la vida brindaba esos…