Categories: Extraños (Blog)

La vida caótica, predecible

En la vida las cosas no estaban ordenadas, ni tenían sentido ni escondían una metáfora. Los males del mundo estaban repartidos, una suma mal resuelta.

La magia de conectar y la suerte de coincidir, en parte eran los niños. Los niños, el único amor del que no se habían arrepentido de vivir. Muebles hablando, animales cantando, girando… afuera la fealdad del mundo. El valor huyendo de cualquier precio. Su hijo era así.

Ellos, un pueblo sumido en el silencio artificial. Les tocaba entregar a ese último hijo, era el siguiente. Así se las manejaban en los genocidios.

La Francotiradora de su Tía

 

Pedro Belmonte Tortosa

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Pedro Belmonte Tortosa
Tags: fealdadgenocidiomales del mundoniños

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