Se quedó escondida en su dormitorio hasta pasada la hora de comer.
Había vivido toda su vida en una casa con servicio. Desde la más tierna infancia hasta su matrimonio con el de ojos saltones e hinchados. Hacia el segundo embarazo dejó los cigarrillos y el servicio, yéndose al campo abruptamente.
Pasaron las semanas, y al final todo parecía olvidado. La señora había recuperado la costumbre de sentarse en un taburete hacia la noche, junto a la mecedora.
Jamás echó en falta las estampas religiosas de la nevera, ni los taxis o saludar con la cabeza alardeando de collar.
No obstante, como si posara en un cuadro costumbrista, había días que mejor no seguir haciéndole caso a las vocecillas de su cabeza o no tendría absolutamente a nadie a quien mecer.
Una semana más tarde, la manada emprendió el camino de regreso a un hogar que no sabían dónde estaba, ni…
Se encontró con ella en la estación, el Titanic de las Montañas, y después de no haberla visto en dos…
...aquel rostro sonreía o reflejaba una tristeza inmensa o una indiferencia total. La historia interminable
Él seguía retumbando a través de la oscuridad. Pero también los edificios parecían absurdos, como si tuvieran las puertas en…
Lo de ser una persona muy feliz, romántica y dulce no iba con ella. Si bien, la vida brindaba esos…
...también tenía su propia belleza: tal día hicieron dos veces el amor. Quería mirarle a los ojos cuando naciera su…