Había cambiado la cartografía de las estructuras de poder. Y como que el tiempo lo hubiese sustraído todo. La ciudad estaba renegada, huidiza. De repente nada era lo mismo.
Los lujos asequibles, no obstante, persistían. Era de lo poco que aún perduraba de aquel renacer radical y de la exposición mediática que lo arrolló todo. Las mujeres, abnegadas y generosas, perdonaron para un bienestar común. Por eso mismo se vivía, por ellas. Gracias a ellas y a sus pintalabios. Ellas eran la cordialidad en un mundo de matones.
Cinco años esquivando el murmullo implacable de la soledad no bastaron. Todo estaba con las vergüenzas al aire. Y la culpa no fue del sexo casual.
No había hecho más que esperar, sobre todo desde que se marchó en primavera. La cuarta o quinta vez. Esperar…
Aparte de los pocos millonarios a los que trataba por dinero, dedicaba todo el tiempo a visitar hospitales infantiles. Sufría…
...ahora ya sabía todas las respuestas. Sucedió en una franja de tierra larga y estrecha con playas a uno y…